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Días. En pocas ocasiones unapalabra remueve tantas emociones, inquietudes o sentimientos encontrados. Almenos, es lo que para mí representa el tiempo que queda para la que,probablemente, sea una de las citas más importante de los españoles en democracia.Pensaba en ello en un momento en el que, como un barrido fugaz, me venían a lamente distintas imágenes, palabras y momentos vividos en España en un periodoreciente. Y me preguntaba: ¿buenos, malos, pésimos? Sí, efectivamente, de todoun poco. Grotescos, incluso, si ahondamos en un terreno político donde el frankenstein gobernante de los últimos10 meses ha sido el trampolín de propuestas en las que, el sinsentido, ha sidoel principal actor.
Y, puesto que, precisamente,es mi intención que esos momentos prósperos sean los que prevalezcan, como yahice en 2015 y 2016, me presento, por tercera vez, como cabeza de lista delgrupo Ciudadanos al Senado por Valencia. En definitiva, para dar voz a todosaquellos que velan por la moderación, el sentido común y una política útil quepermita mejorar y hacer más sencilla la vida de las personas, haciendo de lacorrupción un recuerdo difuso y, de la imposición, un proyecto fallido.
Así, mi tercera candidatura seune a los tres pilares fundamentales con los que pretendo defender la igualdad,la solidaridad y la justicia entre los ciudadanos. Tres conceptos que deberíanser intrínsecos en una sociedad con vistas a un futuro próspero y moderno, peroque han brillado por la ausencia de la razón de un bipartidismo ya caduco. Yhablo de igualdad porque, precisamente, Ciudadanos nació en Cataluña hace 14años para asegurar que ningún español esté por encima de la ley, frente a lasconstantes amenazas de nacionalistas e independentistas alentados durantetantos años por PP y PSOE, en sendos gobiernos en los que han mirado hacia otrolado. Y mucho menos si el actual cobija en casa al propio monstruo de la manode Unidos Podemos, ERC, PDeCAT, Convergència y PNV. Quizás por eso seamos hoyel partido más votado en Cataluña y el único capaz de lograr la convivenciasocial, la unidad, y evitar esa diferencia entre lo que parecen ser ciudadanosde primera y de segunda, según el lazo que lleves.
Sin embargo, ¿a quién leextraña que la solidaridad entre unos y otros sea una especie de utopía? Lapropia financiación autonómica refleja claramente los vaivenes de los interesespolíticos en función de aquello de “si tú me apoyas, yo te doy”. De ahí, sin irmuy lejos, el cuponazo vasco de 1.300 millones de euros anuales que, porcierto, subscribió el Partido Popular, con Ciudadanos como el único partido envotar en contra. La financiación justa para todas las comunidades autónomasserá una medida por la que comencemos a elaborar los cimientos de lo que debe ydebería haber sido siempre España: igualitaria en cada territorio.
No obstante, no encontramosmás definición a la injusticia que la protagonizada hace unos días con laaprobación de la Ley de Abusos Policiales que pretende, nada menos, equipararsupuestos actos de la Guardia Civil durante 1979 y 1999 con los asesinatosgenerados por la banda terrorista ETA. PNV fue el primero en apretar el botónpara su puesta en marcha, con la cómplice abstención de Eh Bildu y Podemos, ensu intento rutinario de blanqueo del entorno a la organización criminal. Lo queresulta aberrante es que sea el PSOE vasco quien haya dado el sí también eneste retrato de la vergüenza, que no hace otra cosa más que denigrar a víctimasy desprestigiar a policías y guardias civiles, por cierto, foco en el gatillohace tan solo unos años de los compañeros de terroristas como Otegi.
Les puedo asegurar queCiudadanos por justicia siempre tenderá la mano a las víctimas y, como siempreha demostrado, defenderá la labor de los cuerpos de seguridad y defensa delEstado. Igualdad, solidaridad y justicia, una tercera oportunidad y tresmotivos para cambiar España.