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Aburrirse no es malo

ROSARIO FOMBUENA

(Periodista y comunicadora del Tercer Sector)

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No falla. Llega esta altura del año, se atisba el fin de curso escolar y las amigas empiezan a preguntar: “Oye, ¿no tendrás un voluntariado que pueda hacer mi hijo, verdad?” O “¿No sabrás dónde puede echar una mano mi hija este verano?” Y es que nos horroriza, nos da pánico, que la muchachada se pase los días en casa, cara a una pantalla. Mimetizándose con el sofá.

Lo que no vemos es que esa incomodidad es exclusivamente nuestra, de madres y padres. No sabemos gestionar el tiempo libre de la prole. Queremos que hagan algo con sentido. Que salgan de sí mismos. Que descubran que el mundo tiene más capas de las que caben en un iPad.

Es por eso que el voluntariado suena perfecto, una solución redonda: útil, formativo, con valores. Generoso, además.

Pero hagámonos la pregunta difícil: ¿esto lo hacemos por la juventud o es, sobre todo, por nosotras? Porque el voluntariado resuelve muchas cosas a la vez: ocupa el tiempo, queda bien en cualquier conversación y, de paso, nos ahorra la culpa de verles tumbados en el sofá perdiendo el tiempo. Es un recurso bueno y con buena prensa. Lo que no sabemos muy bien es si lo elegimos pensando en lo que necesitan o pensando en lo que necesitamos nosotras.

Porque quien llega porque su madre llamó a una amiga raramente encuentra ahí su sitio, y no es culpa suya. Las organizaciones, seamos honestas, agradecen esa ayuda en verano y la necesitan. Pero una cosa es ser útil durante unas semanas y otra muy distinta es que algo cambie dentro. El vínculo que no nace de una convicción propia difícilmente sobrevive a septiembre.

La solidaridad madura despacio, no se convoca. Aparece, cuando aparece, en quienes han tenido tiempo de preguntarse qué les importa de verdad. Y esa pregunta necesita algo que este tiempo nuestro gestiona muy mal: el vacío. Tardes sin plan, mañanas sin pantalla, el aburrimiento lento que al principio desespera y luego, si se le deja, abre paso a algo más hondo. No necesariamente a la solidaridad. Pero sí a conocerse un poco mejor. Y eso, a veces, es el principio de todo.

Este verano, si puedes, deja que se aburran.

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ROSARIO FOMBUENA
ROSARIO FOMBUENA

Periodista y comunicadora del Tercer Sector

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