Blandengue.Hacía tiempo que no oía esta expresión, y todavía estoyojiplática tras haberla vuelto a escuchar. Y no para bien.
Erael día de San José. Las comisiones falleras acudían a la Misadedicada al patrón en sus respectivas parroquias, como parte de unatradición. Como ocurre con la Ofrenda, van incluso quienes no creen,y quienes ni siquiera saben si creen ni en qué creen, porque es unomás de los actos falleros, con ese carácter híbrido y un tantocontradictorio que preside nuestras fiestas. Y van, también, niñosy niñas, porque no hay que desaprovechar la oportunidad de vestirse,lucirse, y hacer fotos, después de dos años de sequía fallera.Hasta ahí todo normal.
Perohete tú aquí que el sacerdote aprovecha la afluencia de público yse viene arriba a la hora de hablar de San José. Tal vez con lamejor intención, pero el peor desacierto, trata de ser didáctico ala hora de glosar al santo. San José, dice, no era un blandengue niun afeminado, era un buen hombre que no quiso denunciar a su esposapor ese embarazo que le hubiera costado la lapidación pública. Ahíqueda eso.
Y,más allá de ese pastiche entre denuncia, lapidación y bonhomía,no doy crédito a ese uso aparentemente inocente de unos estereotiposque perpetúan una desigualdad de la que, por desgracia, vemos muchasmuestras cada día.
SanJosé era un buen hombre, no un afeminado ni un blandengue, Como sifueran antónimos. Como si hubiera que defender la hombría del santocomo el mejor de los valores en lugar de su buen corazón. O sea, queno suframos, que era un machote como Dios manda. Porque no erablandengue ni afeminado.
Comodecía antes, no dudo ni quiero dudar de su buena intención, yaunque yo misma peque de blandengue, le concedo el beneficio de laduda. Pero, para exaltar las bondades del santo, ¿no bastaba condecir que era una persona sensible y comprensiva? ¿Hacía falta unareferencia velada a la homosexualidad tan innecesaria comoincomprensible? ¿Era preciso apuntar a la femineidad como algonegativo?
Contodo, creo que lo peor no fue el discurso. Lo peor fue que solo unade las personas que allí estaba se quedó tan de pasta de boniatocomo yo cuando me lo contó. Y eso es lo de verdad preocupante, queese tipo de mensajes vayan calando en las mentes como cala en loscuerpos la persistente lluvia que no se ha querido perder ni uno solode nuestros actos falleros.
Reflexionemos