Ir al contenido principal

Añadir El Periódico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora

No disimules. No actúes como si no hubiera pasado nada,como si nada hubiese cambiado. No te niegues a ti mismo la realidad. Se han enteradotodos, y tú sigues dando la barrila con los decretos, las normativas, losreglamentos internos y las milongas. 

Puedes divertirte cuanto quieras —uocultarte, que las palabras tienen muchos usos—, pero tarde o temprano habrásde aceptar tu nuevo estado, esa mudanza que la rebelión de las masas y laestupidez legal han operado en tu oficio. Porque sigues dedicándote a enseñar,pero ya no eres profesor; sigues calificando, pero ya no tienes la última palabra;sigues intentando poner orden, pero sin autoridad ninguna. 

Entras, pero como sino entraras; hablas, pero como si callaras; regañas, y como si nada; contorsionasel rostro, levantas la voz, gesticulas, amenazas, pero cosechas risitas,insolencias y sarcasmos. Tu indumentaria, siendo la misma, se ha convertido enotra; tu presencia real ha sido sustituida, misteriosamente, por una especie deholograma que todo el mundo puede ver menos tú; has empezado a notar un extrañotocado, un gorro infamante que se balancea sobre tu cabeza, un pulpo invertidocon las patas rematadas en cascabeles, un sombrerote multicolor que te cubre deoprobio y que no te puedes quitar porque sólo es un ectoplasma, unavisualización fantasmal de las humillaciones que te han echado encima porimperativo legal. Mira y horrorízate; contempla, tembloroso, impotente, mudo,el espejo que son tus alumnos: ya eres un bufón hecho y derecho, un bufón delos pies a la cabeza, un bufón en toda regla, un enano, una menina, unfenómeno, un ente deforme para la irrisión del respetable. 

Ya eres otro del quefuiste; ya te han alterado la esencia; ya no sirves para lo que acostumbrabas.Alguien ha vertido en tu voluntarismo, en tu preparación, en tu dignidad y entu seriedad un filtro desconocido, una pócima de propiedades reductoras que teha dejado tamañito. 

Así que tu cometido, a partir de ahora, es humorístico.Estás ahí para ser blanco de mofas, para sacar la testuz por el agujero de uncortinón y recibir los tomatazos y los insultos de la clientela. Bufón eres, nolo niegues. Acéptalo y mitigarás tu amargura. 

Un bufón como la copa de un pino;un bufón de marca mayor; bufón de solera y tronío, gloria y prez de labufonería renacentista. La profesión bufonesca vuelve a cotizarse desde quemuchas familias han perdido el interés por la instrucción de sus hijos y hanempezado a usar el colegio como albergue juvenil. 

Saca, pues, del marsupio tusmejores habilidades; rómpete los cuernos averiguando cómo compensarás lagalbana de tus pupilos; haz gala de tu mayor elocuencia y luego, exhibiendo tumejor semblante, recoge las cuchufletas, las befas y los excesos de confianzacon que serás obsequiado. Goza de tu nuevo empleo; invéntale, si eres capaz, unlado bueno; consuélate como puedas y marcha camino adelante, que más cornadasda el hambre.

 Formas parte del colectivo albardán, tan cortesano, tan español.Eres una María Bárbola, un Sebastián de Morra, un Francisco Lezcano —el niño deVallecas—; o has venido a serlo, sin saber a ciencia cierta cómo. 

Pero no teilusiones, que a ti no te otorgan la misma consideración que Velázquez otorgó asus enanos: tú eres una diana para dardos, un centro de todas las burlas, unhazmerreír con visos de chivo expiatorio, un fantoche, un bufonazo sin otraopción que la fuga. Escapa del miasma opresivo, asfixiante que te rodea. 

Recuperatu identidad. Vuelve a ser tú. Desencájate de la cabeza ese insufrible,impropio, denigrante multicornio de cascabeles.

*Puedes contactar con Juan Vicente Yago y opinar sobre su artículo escribiendo a juviyama@hotmail.com

Lo más leído