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Nuestro pueblo, El Campello, es uno de los municipios más privilegiados de la costa mediterránea con una identidad que va más allá del valor económico y turístico. La historia del municipio, reflejada en la Illeta dels Banyets, su tradición marinera y sus torres vigías, junto a sus 23 km de costa, calas y playas galardonadas con banderas azulesy espacios naturales únicos… convierten el municipio en un referente para residentes y visitantes.
Un territorio que deberíamos cuidar, proteger y enriquecer. Sin embargo, llevamos años sufriendo decisiones que han comprometido la protección de todo nuestro patrimonio. Por un lado, recibimos la instalación de la planta de tratamiento de residuos y el vertedero de les Canyades que presta servicio a los residuos urbanos de más de 50 poblaciones. El pueblo lleva años luchando contra los malos olores en la zona Norte, el posible impacto sobre el territorio y la calidad de vida, por su correcto funcionamiento y últimamente, además, contra las distintas propuestas de su ampliación. A ello se suma la presencia de la desaladora de Mutxamel-El Campello y la EDAR Alacantí Norte, cuyas actividades tienen una clara incidencia sobre el entorno del río Seco y su desembocadura. Y, por último, repetidos episodios de contaminación por aguas residuales sufridos en distintos puntos del litoral como l'Almadrava, Alkabir o Cala Lanuza. Todo esto daña gravemente la imagen del municipio y la calidad de vida de sus habitantes.
Con este escenario, ahora se cierne sobre el municipio otro gran nubarrón ambiental: la posible instalación de una incineradora. El municipio ya soporta demasiadas infraestructuras vinculadas al tratamiento de residuos y no debería convertirse en la sede de una instalación que representa impactos ambientales significativos.
Las incineradoras emiten, entre otros compuestos, partículas finas, óxidos de nitrógeno, metales pesados, dioxinas y furanos, cuya presencia está regulada mediante estrictos controles ambientales debido a sus potenciales efectos sobre la salud y el medio ambiente
Numerosos estudios científicos señalan que las incineradoras emiten, entre otros compuestos, partículas finas, óxidos de nitrógeno, metales pesados, dioxinas, furanos, cuya presencia está regulada por estrictos controles ambientales debido a sus potenciales efectos sobre la salud y el medio ambiente han sido ampliamente objeto de estudio y preocupación. Además, generan aguas residuales procedentes del lavado de gases y la manipulación de residuos. A lo que hay que sumar la producción de cenizas volantes, consideradas residuos muy peligrosos que requieren de un tratamiento posterior y un vertedero especializado. Son estructuras muy costosas que requieren de un gran volumen de residuos para ser rentables. ¿Más camiones? ¿Más basura? ¿Más contaminación en nuestro entorno?
En la actualidad, la Unión Europea sitúa el vertido y la incineración como las últimas opciones en la jerarquía de gestión de residuos frente a la reducción y la reutilización que mejoran la economía circular. Diversos estudios científicos han analizado la exposición prolongada a los gases emitidos por las incineradoras y han señalado asociaciones con problemas respiratorios, alteraciones hormonales e incluso el incremento de riesgo en ciertos tipos de cáncer. Y no debemos olvidar la aportación de dióxido de carbono a la atmósfera que incrementa el efecto invernadero. Justo ahora, cuando estamos viviendo un verano con temperaturas de récord, una trágica ola de incendios y la solicitud de un gran pacto contra el cambio climático.
¿Realmente necesitamos más focos de contaminación? Es legítimo que los campelleros nos preguntemos por qué un municipio de apenas 30.000 habitantes soporta el tratamiento de residuos de unos 430.000 habitantes, una cifra que durante la temporada estival aumenta considerablemente. Evidentemente todos generamos residuos y es necesario gestionarlos, pero ¿no es una responsabilidad colectiva? ¿No sería más razonable repartir las cargas ambientales que esa gestión genera?
Señores y señoras gobernantes, ya contribuimos suficientemente al tratamiento de residuos y no podemos asumir más cargas. ¿Realmente qué necesitamos? Los vecinos de este municipio necesitamos resolver los problemas de saneamiento que afectan al litoral, proteger nuestras playas, cuidar los ecosistemas y mejorar un modelo económicobasado en la calidad ambiental y el turismo sostenible. Apostar por menos residuos, más reciclaje y la verdadera protección de nuestro patrimonio natural y cultural que hacen de El Campello una joya del Mediterráneo.
Un municipio que debería aspirar a ser referente de calidad en todos los aspectos no puede convertirse en el trasterodonde todos ubiquen las infraestructuras que nadie quiere cerca de su casa.
Exigir para el futuro de El Campello la conservación de sus recursos, tanto naturales como culturales, frente a la acumulación de infraestructuras difíciles de justificar, es un derecho de todos los habitantes del municipio. Son nuestro legado como pueblo y pertenecen a las generaciones presentes y futuras. Protegerlo hoy no es impedir su progreso, es decidir qué futuro queremos para nuestro pueblo.