Añadir El Periódico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Cada vez que ocurre un evento mediático, se repite el mismo fenómeno: quién ha sido invitado, quién no, quién ha conseguido entrar, quién ha aparecido en una foto o ha logrado unos segundos de cámara.
Ahora ha pasado con la famosa “casita” de Bad Bunny.
Y la verdad es que toda esta polémica dice mucho más de nosotros que de Bad Bunny.
Porque el problema no es quién sube a esa casa.
El problema es por qué tanta gente siente que necesita subir a ella.
Vemos personas compitiendo por una invitación, celebrando una foto como si fuera un trofeo o sintiendo que han alcanzado algún tipo de estatus por haber sido elegidas. Y sin darnos cuenta acabamos transmitiendo una idea peligrosa: que estar más cerca del foco te convierte en alguien más importante.
Pero no es verdad.
Una persona puede ser más famosa, más rica o tener más influencia que tú. Puede tener más seguidores, más contactos o más repercusión. Pero eso no la convierte en una persona más valiosa.
Porque una cosa es tener más y otra muy distinta ser más.
Como psicóloga especializada en autoestima y gestión emocional, veo a muchas personas sufriendo por compararse constantemente. Se sienten inferiores porque otros tienen más éxito, más belleza, más reconocimiento o más oportunidades. Sin embargo, el valor de una persona no se mide por lo que posee ni por el lugar al que la invitan.
Se mide por quién es.
Por sus valores. Por cómo trata a los demás. Por su capacidad para actuar con honestidad, empatía y coherencia.
El problema de la comparación es que siempre habrá alguien que tenga más que tú. Y cuando conviertes lo externo en la medida de tu valor, nunca te sentirás suficiente.
Quizá la verdadera reflexión no sea quién ha entrado en la casita de Bad Bunny.
Quizá la reflexión sea por qué hay tantas personas convencidas de que necesitan entrar para sentirse alguien.
Porque una autoestima sana no nace cuando los demás te eligen.
Nace cuando aprendes que tu valor no aumenta cuando te invitan a una fiesta ni disminuye cuando te dejan fuera.