Añadir El Periódico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Esta producción francesa, inspirada en un caso real, nos acerca al deporte de elite desde una perspectiva novedosa e interesante. La historia, como sucede en tantas ocasiones, mantiene el componente de la autosuperación, solo que no lo vincula a la competición directamente. Relata el camino que recorrieron dos emprendedores inexpertos en clave de comedia. El filme engancha gracias a unos protagonistas que contagian sus ilusiones, si bien termina excediéndose en el metraje (122 minutos).
Bouna y Jérémy se conocen casualmente jugando al baloncesto en un parque de París. Comparten la misma afición y ninguno está satisfecho con su trabajo actual. Les gustaría vivir de lo que les apasiona, pero ahora es tarde para llegar a ser profesionales. Así que únicamente les queda una posibilidad: convertirse en representantes. Sus elevadas miras les conducen a buscar talentos de la canasta por descubrir y ofrecerlos a la NBA. Sin embargo, carecen de fondos suficientes, apenas hablan inglés y no tienen contactos que los introduzcan en esa élite. Pese a todo, no se van a rendir fácilmente.
Adereza el recorrido de estos bisoños empresarios con unas jugosas anécdotas. Se impone casi siempre el humor, especialmente al inicio, donde surgen detalles de picardía azuzados por la necesidad. Le saca partido a su precariedad e inserta unas ligeras notas de denuncia social. La condición de inmigrante, las aspiraciones económicas y el choque cultural también se integran en el guion.
Argumenta debidamente, aunque se antoje increíble, el paulatino acercamiento a sus metas. En ese punto recurre a sorprendentes golpes de suerte y resalta el buen ojo que ambos poseen. Enfrenta estas circunstancias favorables a las dificultades que les alejan del llamado sueño americano. No obstante, los contratiempos les unen, forjando una bonita y sincera amistad.
Alarga algunos episodios que se desarrollan en Estados Unidos. Lo compensa con la comicidad y las emociones que proporcionan las últimas secuencias, arropadas por la hermosa banda sonora que ha compuesto Andy Douze.
El colofón lo ponen las imágenes reales de los auténticos agentes. Completan el tributo a unas figuras que pocas veces reciben agradecimientos por su labor, no exenta de mérito.
Jean-Pascal Zadi (Fumar provoca tos) y Raphaël Quenard (El segundo acto), que ya habían coincidido en la gran pantalla, generan una química fantástica. Su excelente complicidad contribuye a suscitar el interés por los personajes que encarnan.