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Dansà apiñada

Susana Gisbert

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Quienes hayan bailado alguna vez nuestra dansà sabrán que una de las figuras más comunes es la piña, en diversas modalidades. Consiste, como su propio nombre indica, en que en cada cuadro los dansaores que lo componen se juntan formando una especie de piña. Obviamente, necesita poco espacio para practicarla. Y menos mal.

Digo esto por lo sucedido en la dansà del 9 de octubre en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, que se realiza todos los años la víspera de nuestra fiesta. Y es que, prácticamente, no se podía hacer otra figura que la famosa piña en cualquiera de sus variedades. ¿Y por qué afirmo esto? Pues por lo que aquí cuento.

Este año la tradicional dansà del Ayuntamiento contaba con un hándicap. En la misma plaza donde se realiza se encontraba la acampada que reivindica el derecho a una vivienda digna y protesta contra los desahucios, algo que, además, venía reforzado por la muerte de Maricarmen Abascal, la anciana cuyo desahucio desencadenó la movilización.

Quienes íbamos a participar en la dansà popular sabíamos desde días antes que el evento iba a suponer dificultades, y seguíamos atentamente las noticias para saber si al final se celebraba o cambiaba de ubicación. Pero nadie decía nada. Por un lado, desde la alcaldía se insistía en que la acampada no modificaría ni un ápice las celebraciones del 9 de octubre. Por otro, desde la Delegación de Gobierno se afirmaba que no habría desalojo porque el derecho a la protesta pacífica es un derecho fundamental, postura avalada por lo resuelto por la Justicia en Madrid. Así que se acercaba el momento y seguíamos sin saber si teníamos que planchar la ropa o ir a la peluquería para lucir nuestras galas regionales.

Faltaban apenas unas horas para el momento cuando nos confirmaron que la dansà se celebraba y se hacía en la plaza del Ayuntamiento, aunque desplazaba algunos metros su ubicación para no afectar a la acampada. Así que, solucionamos con premura el tema de la plancha y el peinado y acudimos al emplazamiento convenido dispuestos a darlo todo con pies, manos y castañuelas.

Y bailar, bailamos. O, más bien, nos movimos como pudimos, porque estábamos como sardinas en lata, lo que, teniendo en cuenta que se trataba de baile y que nuestras faldas abultadas necesitaban espacio, hizo la cosa francamente difícil. Pisotones y empujones involuntarios y un apretujamiento considerable nos convencieron de que la piña era casi la única figura factible Por supuesto, lo tomamos con humor porque el baile es alegría y las circunstancias no iban a quitarnos eso, pero la cosa tuvo su aquel.

Así que, para otra vez, que alguien piense que cada cosa necesita lo suyo y el baile necesita espacio. Tan fácil como eso.

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