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Pobres criaturas. Durante ocho años, el sanchismo valenciano y su comparsa, encabezada por esa marca blanca que responde al nombre de Baldoví, creyeron que la política era un escenario para su ego. Gobernaron con la soberbia del que se cree investido de una autoridad moral incuestionable, mientras la Comunitat se desangraba. Ahora, cuando la realidad se impone con la contundencia de un toro en una cacharrería, su única respuesta es el victimismo y el agravio. Qué entrañable resulta verlos retorcerse, buscando culpables fuera cuando el origen de su ruina, de nuestra ruina, lo diseñó y lo firmó el padre político de su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, y lo perpetuó con devoción su hijo predilecto, Pedro Sánchez.
Porque no es casualidad que la deuda valenciana roce los 64.000 millones de euros, la más elevada de España. No es fruto del destino. Es el resultado directo, tangible y documentado de un sistema de financiación perverso, caducado desde hace más de una década, que el patriarca Zapatero concibió para beneficio de otros y que su discípulo Sánchez ha perpetuado con la indolencia del que mira hacia otro lado. La relación entre ambos no es un secreto: Sánchez ha llegado a calificar a Zapatero como un "ejemplo y fuente de inspiración", alabando su "papel decisivo" en su victoria electoral de 2023. No es un apoyo puntual; es una comunión ideológica y de intereses. El presidente ha unido "su destino político al del expresidente", brindándole un apoyo cerrado incluso cuando el exmandatario y su propia familia han sido imputados por la justicia. Es la lealtad de un hijo político a su mentor.
Y los frutos de esta relación paternal se cosechan en las cuentas de la Comunitat. La Sindicatura de Comptes ha reconocido la infrafinanciación crónica que padecemos. Los datos son tozudos: el 78,6% de esa deuda monumental que hoy nos asfixia tiene su origen directo en esa infrafinanciación acumulada durante años. Un informe del Ivie lo eleva incluso al 95,5%. Es decir, casi la totalidad de nuestra losa financiera se la debemos a un modelo que el padre Zapatero diseñó y que el hijo Sánchez se ha negado sistemáticamente a reformar. Y la factura no para de crecer. El coste anual de los intereses de esa deuda se ha disparado un 24% en 2025, alcanzando los 1.143 millones de euros, y acumula una subida del 171% desde 2023. En los presupuestos de 2026, el Consell de Pérez Llorca ha tenido que consignar 1.167 millones de euros solo para pagar los intereses de la deuda. La herencia de esta familia política es una losa que pagamos todos los valencianos.
Pero ellos, tan dignos, tan graves, tan llenos de una superioridad moral que no resiste el más mínimo contraste con la realidad, siguen con su teatro. Baldoví, el síndic de Compromís, esa marca blanca del sanchismo, se atreve a calificar los presupuestos de Pérez Llorca como una cesión a quienes demonizan el gasto social. ¿Cesión? Cuando el 80% del presupuesto se dedica a políticas sociales, cuando la educación y la sanidad baten récords históricos, cuando la vivienda se convierte en prioridad de Estado, ¿de qué están hablando? De su propia impotencia, de su fracaso estrepitoso, de su incapacidad para aceptar que alguien ha hecho en un año lo que ellos no hicieron en ocho.
Porque Pérez Llorca no ha venido a hacer teatro, sino a gobernar. Y para gobernar, ha plantado cuatro pilares tan sólidos que ni el terremoto de la herencia zapaterista puede derribarlos. Vamos a desgranarlos, porque son la respuesta en carne y hueso a la pregunta de por qué este Molt Honorable es el presidente que los valencianos nos merecemos, y no esos que durante ocho años nos vendieron humo.
El primer pilar, la educación. Mientras el Botànic dejaba las aulas sin climatizar, los planes de infraestructuras en un cajón y los profesores con unas condiciones que rozaban el abandono, el Consell de Pérez Llorca destina 7.749 millones de euros, la mayor inversión educativa de la historia. 450 millones más que el año anterior, casi la mitad de todo el crecimiento presupuestario. La inversión por alumno escalará hasta los 7.600 euros, situando a la Comunitat como la tercera autonomía en gasto educativo, un 20% por encima de la media nacional. Han desbloqueado más de 372 millones para infraestructuras a través del Plan Edificant, el Plan de Climatización y el Plan Recole, incorporan 800 nuevos profesionales especializados y una subida salarial de 75 euros mensuales para el profesorado. Esto es lo que hace un gobierno que respeta la educación, no que la usa como reclamo.
El segundo pilar, la sanidad. Los gestores del Botànic se perdían en disputas internas y anunciaban hospitales que nunca llegaban. Pérez Llorca, en cambio, ha hecho que la sanidad valenciana supere por primera vez los 9.400 millones de euros, alcanzando los 9.453 millones, el 36% del presupuesto total. Un incremento de 1.200 millones respecto a la legislatura anterior. 400 millones anuales para 22 actuaciones hospitalarias: construcción del nuevo hospital de Ontinyent, ampliación de Orihuela y el Clínico de Valencia, puesta en marcha del nuevo Hospital General de Castellón, licitación del nuevo Hospital Campanar y desarrollo del futuro Campus Sanitario Avanzado de Paterna. Se suman los primeros centros de urgencia 24 horas, una partida farmacéutica de 1.500 millones y, sobre todo, 6.500 nuevos profesionales sanitarios desde 2023. No es retórica: es ejecución. No es promesa: es realidad.
El tercer pilar, la vivienda. El Botànic de Baldoví firmó un expediente de nulidad absoluta: cero viviendas públicas construidas en ocho años. Mientras tanto, el Consell de Pérez Llorca eleva la vivienda a prioridad estratégica, con un crecimiento cercano al 15% en el área, casi 350 millones de euros. El Plan Vive, con más de 200 ayuntamientos adheridos, ya está construyendo 10.000 viviendas protegidas (6.000 en suelo público, 4.000 en privado), con una inversión prevista de 7.326 millones de euros. Y su propuesta de 120.000 viviendas en suelo dotacional municipal pulveriza cualquier intento anterior. Frente al no pasa nada del Botànic, el Consell pone el tejado al alcance de quienes lo necesitan.
El cuarto pilar, la reactivación productiva. La izquierda siempre creyó que la única receta era recaudar más y castigar la iniciativa privada. Pérez Llorca demuestra que se puede bajar impuestos y fortalecer el bienestar a la vez. La rebaja del IRPF en todos los tramos, con reducciones de 0,2 a 0,6 puntos, beneficiará a 2,7 millones de contribuyentes, con un ahorro fiscal de 160 millones de euros. Una familia de 30.000 a 40.000 euros se ahorrará hasta 650 euros; el 72% de los beneficiarios tienen rentas inferiores a 30.000 euros. Además, se amplían las bonificaciones en Sucesiones para empresas familiares hasta el cuarto grado de parentesco, blindando el 90% del tejido productivo valenciano, ese motor que la izquierda nunca supo ni quiso cuidar.
Estos no son datos para un mitin, son datos para un informe de gestión. Y mientras Pérez Llorca ejecuta, Baldoví y los suyos se agarran a la demagogia porque no tienen otro argumento. La pregunta es devastadora y se la debemos hacer a ellos, a los socialistas valencianos y a todo el sanchismo de salón: ¿Dónde estaban cuando el sistema de financiación que heredaron de su padre político y perpetuaron convertía a la Comunitat en la autonomía peor financiada del Estado? ¿Dónde estaban cuando la deuda se disparaba y solo pedían más dinero al Estado sin poner en orden sus cuentas? ¿Dónde estaban cuando los intereses de esa deuda se comían los recursos que deberían ir a hospitales, colegios y residencias? ¿Dónde estaban cuando los jóvenes se iban y las listas de espera se alargaban hasta el infinito? Gobernaron con soberbia y pasotismo, y ahora, cuando llega un gobierno que invierte, construye y ejecuta, solo saben criticar. La ciudadanía ya no se traga el cuento.
Juanfran Pérez Llorca, ese Molt Honorable que no necesita gritar para ser contundente, ha enterrado el sanchismo valenciano bajo una montaña de datos y ejecuciones. Ha puesto sobre la mesa el mayor presupuesto de la historia y ha demostrado que se puede gobernar con dignidad, con rigor y con resultados. La Comunitat ha reestablecido su pulso con la resiliencia, ha dejado atrás la era de la mediocridad y el pasotismo, y ha recuperado la dignidad que la izquierda le arrebató. La región despierta de su letargo, y no piensa volver a dormir. El despertador lo ha puesto Pérez Llorca, y suena tan fuerte que ni Baldoví con sus ocurrencias puede silenciarlo. El sanchismo valenciano, ese fenómeno que creía que gobernar era hacer teatro, ha sido desterrado. Y lo mejor de todo: no ha hecho falta magia, solo gestión. Lo que ellos nunca entendieron.