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Días de fútbol

Susana Gisbert

Si nada lo impide, esta semana empezará el Mundial de fútbol. Y nada creo que lo impida, como no sea una pandemia o algo parecido. Porque cuando entramos en el reino del balompié, todo lo demás desaparece, por grave que sea. De hecho, la situación internacional está como está, pero nadie se plantea suspender ni un solo partido.

A partir del pistoletazo -o, mejor dicho, el chut- de salida, gran parte del tiempo de los informativos vendrá ocupado por los resultados de fútbol, y muchos programas desaparecerán de la parrilla para ceder su sitio a los partidos. Para gozo de los futboleros, desesperación de los anti-balompié, y entre la indiferencia y el hastío de quienes no son una cosa u otra.

Por supuesto, al margen de los partidos de la selección. Porque eso es otra cosa. Ahí se multiplican los aficionados y aficionadas, y hasta quienes no saben lo que es un penalti se envuelven en la bandera, se pintan la cara de colores, y gritan mientras devoran palomitas, tortilla de patata o lo que se presente en casas, bares y plazas. Lo mismo que sucede en cada campeonato del mundo. Y, por un momento, parece que no exista otra cosa en el mundo.

La verdad es que yo no soy muy futbolera, aunque también me he visto arrastrada más de una vez con los nervios del partido y la alegría de la celebración. Y, en cualquiera de los casos, voy a agradecer algo a esta inevitable pasión futbolística. Por fin no vamos a estar todo el día hablando de tribunales, corrupción y políticos. Por fin no vamos a estar recibiendo malas noticias por activa y por pasiva.

Por si fuera poco, tan balompédica circunstancia se une a otra noticia que también hará correr ríos de tinta: la visita del Papa a España Un Papa al que, por cierto, le preguntaron nada más bajar del avión que de qué equipo de fútbol era, si del Madrid o del Barça.

De modo que, aunque las cosas seguirán pasando, estaremos menos pendientes. Y ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente. Aunque sea por unos días.

Por eso, aunque no nos guste el fútbol, miremos la parte buena. Aprovechemos estos días para tomar un descanso de todas esas cosas terribles de las que no nos van a hablar, o de las que nos van a hablar mucho menos. E igual, hasta nos animamos a gritar cuando nuestra selección marque un gol. Si no, siempre nos quedarán las palomitas, la cerveza y la tortilla de patata. Algo es algo.

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Susana Gisbert
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