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No me he confundido. Tampoco lo han hecho los editores de este periódico publicando un artículo de la semana pasada. Pero es que, después del eclipse pasado, ya viene el próximo, según parece. No habían pasado más que unas horas y ya estaban contándonos sobre las reservas en los lugares donde va a poder verse el que viene, que es el año que viene, según parece. Y, como no hay dos sin tres, también habrá otro en 2028.
Parece que le hemos cogido el gusto a eso de los eclipses, o al turismo astronómico, pero al menos nos ha sacado por unos días de aluvión de noticias de frentismo político judicial que ya causa hartazgo. Y aunque solo sea por eso, es de agradecer, desde luego.
Yo también vi el eclipse. No estuvo mal la cosa, aunque no me emocioné, ni se me llenaron los ojos de lágrimas ni nada de eso. Ya dije la semana pasada que era un tanto eclipsescéptica y tal vez por eso la cosa no me pareció para tanto. Algo bonito y, sobre todo, diferente de lo que hacemos habitualmente, mejor cuando mejor fuera la compañía, como pasa con casi todas las cosas.
Pero lo que me sigo planteando es lo de que fuera un evento histórico, que fuera lo nunca visto. Porque, si lo era ¿cómo es posible que en poco tiempo vengan dos más, así como quien no quiere la cosa? Pero igual son cosas mías.
De todos modos, y aunque en mi opinión nos pasamos un poco de frenada con el tema del eclipse, bendito sea si ha conseguido alejarnos de las malas noticias con que suelen obsequiarnos los informativos, aunque sea por unos pocos días.
Ahora ya lo que toca es prepararse para el siguiente. Y lo primero que me pregunto es si servirán las mismas gafas especiales o estarán ya caducadas. O quizás se queden abandonadas en el fondo de algún cajón y las encontremos dentro de unos años contando a nuestros hijos o hijas, nietos o nietas, que en 2026 vimos un eclipse que fue todo un acontecimiento, porque el paso del tiempo siempre pone una pátina de belleza a nuestros recuerdos.
En cualquier caso, disfrutemos del tiempo que nos queda de hablar de ello. Porque dentro de nada volverán la política y el fútbol a copar todas las noticias. Y hasta el eclipse que viene queda, como mínimo, un año.