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En estos días todo el mundo anda como locos con el eclipse. A estas alturas ya se han agotado en muchos sitios las dichosas gafas y no queda ni una plaza para el día D en los lugares donde se presume una visibilidad mayor en un espectáculo que se anuncia como la atracción del verano y, si me apuran, del siglo.
La verdad es que yo me siento un poco rara, pero no me llama demasiado la atención. Por descontado que tengo las gafas, no vaya a quedarme ciega si por un casual miro hacia a cielo, pero poco más. Y no es que sea negacionista del eclipse, que seguro que existir, existe, pero por más voluntad que le ponga, la cosa no me emociona lo más mínimo.
Y es que, a lo largo, de mi vida, he visto tantas veces como nos anunciaban acontecimientos astronómicos de toda índole, que me he vuelto un tanto escéptica. O tal vez debería decir eclipsescéptica.
No obstante, y como quiera que me gusta mirar todos los puntos de vista, hice mis averiguaciones acerca de cómo se vive lo del eclipse en otros lugares de Europa. Y, o yo no he dado con la tecla adecuada, o más bien les importa un pimiento o poco menos, más allá de comunidades científicas y frikis varios. Pero igual es cosa mía.
De todas maneras, habrá que esperar. En solo un par de días sabremos si la expectación despertada ha valido la pena y se convierte en un acontecimiento inolvidable, o si en dos días nos habremos olvidado del eclipse y las gafas especiales quedarán en el fondo de algún cajón.
Por supuesto, las televisiones y las redes sociales nos darán cumplida cuenta de lo que pase…y de lo que no pase, con sus comentarios y sus opinadores varios al pie del cañón. Y, sin duda alguna, las imágenes quedarán archivadas para siempre, que no en balde estamos en la era audiovisual.
¿Estamos de verdad ante un acontecimiento histórico? Pues no sabría decir, que después de vivir una época donde los acontecimientos supuestamente -y no tan supuestamente- históricos se suceden uno detrás de otro, una ya no sabe qué decir.
Tiempo al tiempo. En nada podremos valorar la magnitud del evento. Y quizás me asome la semana que viene a estas mismas páginas maldiciendo mi eclipsescepticismo y convirtiéndome en una fan absoluta de los fenómenos astrofísicos, astronómicos o como quiera que se llamen.
En cualquier caso, queda poco para saberlo.