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La huelga de médicos convocada para octubre llega a la Comunitat Valenciana en el peor momento posible y llega por el error de la ministra de Sanidad, Mónica García, de no escuchar las peticiones de los médicos de toda España. Después de un verano en el que las zonas turísticas han soportado una presión asistencial extraordinaria, las listas de espera acumulan una demora añadida que supera los dos meses.
Estos 60 días se suman a las esperas de seis, nueve y hasta doce meses en muchas especialidades de hospitales valencianos. Lo que necesita ahora la sanidad valenciana es recuperar actividad, no perderla. Parar a mediados de octubre, cuando debería comenzar la recuperación, será letal para una sanidad ya tensionada.
El conflicto no debe contemplarse como una simple disputa sindical. Detrás hay una cuestión de fondo y muy importante: si profesionales con responsabilidades y condiciones laborales muy diferentes pueden quedar encajados en un mismo Estatuto Marco.
García, médica anestesista, defiende un Estatuto común para todos los trabajadores de la sanidad. Los médicos, en cambio, reclaman un tratamiento específico para su profesión. Por eso van a la huelga.
Y tienen un argumento difícil de ignorar, pero sobre todo de rebatir. CC.OO. y UGT son sindicatos de clase. Representan a colectivos muy diferentes dentro de la sanidad. Pueden defender a médicos, por supuesto, pero las condiciones y responsabilidades de un facultativo no son las mismas que las de un celador, un administrativo o un trabajador de cocina.
Un médico tiene una formación, unas responsabilidades, unas guardias y unas condiciones profesionales específicas. Igualar realidades distintas no es hacer justicia. A veces es simplemente ignorar sus diferencias y sus diez años de dedicación y preparación.
El problema es que Mónica García conoce perfectamente la profesión médica, pero su trayectoria sindical está vinculada a Comisiones Obreras. Y la sensación que transmite este conflicto es que el Ministerio da más peso a la lógica de los grandes sindicatos de clase que a las organizaciones que representan específicamente a los médicos. Si es así, es un error. Y puede acabar teniendo un precio muy alto.
Octubre y noviembre son meses para recuperar parte de la actividad perdida durante el verano mediante programas intensivos y actividad asistencial de refuerzo. Si la habitual recuperación de estas fechas se frena ahora, el agujero no desaparece: se arrastra. Y lo que hoy son dos meses más de espera puede convertirse mañana en un problema todavía mayor.
Y hay otro riesgo: llega el invierno, con sus habituales episodios de gripe y una mayor presión sobre los servicios sanitarios. Es precisamente cuando hacen falta todas las manos disponibles. No parece el momento más sensato para añadir más tensión al sistema.
Mónica García debe escuchar a los médicos antes de que el conflicto se enquiste. Porque entre ministerios, sindicatos y estatutos hay una realidad que no debe perderse de vista: los pacientes no pueden ponerse en lista de espera para que los adultos se pongan de acuerdo.