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Fondos europeos: el tren que muchas ongs valencianas van a perder

ROSARIO FOMBUENA

(Periodista y comunicadora del Tercer Sector)

Existe una paradoja que atraviesa el sistema de financiación europea y que rara vez se nombra: las organizaciones sociales que más necesitan dinero son, con frecuencia, las que menos posibilidades tienen de conseguirlo. No por falta de proyectos ni de compromiso, sino por razones estructurales que el propio modelo reproduce sin aparente conciencia de ello.

Las barreras son reales y afectan de forma desproporcionada a las entidades pequeñas y medianas. La primera es el idioma, aunque no el que podría esperarse. Mi amiga Mª Paz, una gestora con años de experiencia, lo resume así: “no hay que hablar inglés, hay que hablar europeo”. Leer una convocatoria CERV es interpretar un ecosistema de criterios, excepciones y referencias cruzadas que da por supuesto que es universalmente conocido.

A eso se suma la exigencia de un consorcio transnacional. ¿Qué qué es esto? La mayoría de convocatorias obligan a construir alianzas con socios de otros países, algo que para una entidad pequeña, con una mínima dotación de recursos, es francamente complicado porque establecer este tipo de relación no se consigue en dos semanas.

Luego está el propio modelo de financiación que, en su mayoría, obliga a ejecutar y justificar gastos antes de recibir la parte sustancial de la subvención. Esto implica la necesidad de disponer de liquidez suficiente para cubrir costes durante el periodo de implementación. Lo que se estableció como un procedimiento pensado para garantizar rigor en el gasto, termina excluyendo a las organizaciones más vulnerables.

Y finalmente, la curva de aprendizaje. Presentar por primera vez una solicitud puede exigir entre doscientas y trescientas horas. La segunda vez, la mitad. Quienes no pueden asumir esa primera inversión nunca acumulan la experiencia que las vuelve competitivas.

Si, pese a estas dificultades, tu entidad quiere explorar esta vía de financiación, basta con mirar las convocatorias abiertas. El programa Ciudadanos, Igualdad, Derechos y Valores (CERV) mantiene activas varias líneas, como CERV-2026-DAPHNE, con 21 millones de euros para proyectos contra la violencia de género y protección de la infancia, o CERV-2026-CHAR-LITI, con dos convocatorias en marcha y una dotación similar. A ello se suma el Cuerpo Europeo de Solidaridad (CES), con un presupuesto de 175,3 millones de euros para iniciativas de voluntariado dirigidas a jóvenes de entre 18 y 30 años, que abrirá una nueva ronda de financiación en octubre.

En este punto, las plataformas y coordinadoras del tercer sector están llamadas a desempeñar un papel decisivo: abrir camino a las entidades más pequeñas, acompañarlas en sus primeros pasos y generar espacios de aprendizaje comunes de utilidad. 

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ROSARIO FOMBUENA
ROSARIO FOMBUENA

Periodista y comunicadora del Tercer Sector

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