Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Esta semana se celebraba el día de la sonrisa. Sin demasiada repercusión, no sé bien si por su coincidencia con el Día del trabajo decente -un día que nunca debería existir porque todos los trabajos deberían ser decentes- o porque, como están las cosas, las ganas de sonreír son más bien pocas.
Pero aprovechemos la oportunidad y hagamos un esfuerzo. En una sociedad donde el culto al cuerpo obliga a someterse a sesiones de gimnasio, cirugía, dietas y cualquier tipo de cosas para conseguir un aspecto físico determinado -y, más de una vez, absurdo-, me llama la atención que se olvide una parte de nuestro aspecto tan importante como la cara. La sonrisa es el más hermoso de los adornos que podemos ponernos, y le hacemos poco caso. A pesar de que cuesta mucho menos esfuerzo que quitarse quilos o ponerse músculos.
Ya decía Bécquer que por una sonrisa daba un cielo, y no le faltaba razón. Y, si pasamos de la poesía a la ciencia, esta nos dice que se mueven muchos menos músculos para sonreír que para enfadarse. Así que no sé por qué no la practicamos más, si todo son ventajas.
No tenemos más que pensar en tantas actividades de nuestra vida que mejorarían con una sonrisa. Desde la cola del autobús o el supermercado a la consecución, o no consecución, de determinado objetivo. Incluso para recordar a las personas que nos faltan, es mejor hacerlo con una sonrisa que con una profusión de lágrimas. Y seguro que, allá desde donde estén, también les gusta más. ¿A quien no le gusta provocar sonrisas?
Es cierto que, en un momento como el que nos encontramos, con una crisis que cabalga entre las consecuencias de una pandemia y de la guerra de Ucrania, con catástrofes naturales que nos recuerdan que el cambio climático es mucho más que una teoría, y con los atentados tan terribles contra la igualdad que vemos en lugares como Irán o Afganistán, entran pocas ganas de sonreír.
Pero, qué narices, también dan pocas ganas de machacarse en un gimnasio en vez de estar durmiendo la siesta y lo hacemos para el bien de nuestro cuerpo y nuestra mente.
Por eso hoy voy a proponer un ejercicio que tenemos olvidado, la gimnasia facial. Y no para evitar arrugas o borrar las patas de gallo, sino para pintar enormes sonrisas n nuestras caras. Porque con una sonrisa, todo es más fácil para los demás. Y también para una misma.
Os invito a comprobarlo