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La pasada semana se presentaba en Valencia la programación de la temporada de nuestro Teatro Principal. Apenas un día más tarde, se anunciaba su cierre durante, al menos, cuatro años, por las graves deficiencias hechas constar en un informe solicitado en su día. Y, por supuesto, las valencianas y valencianos nos quedamos boquiabiertos ante semejante despropósito. O ante semejantes despropósitos, mejor dicho, porque al hecho de que anuncien a bombo y platillo una programación que nunca verá ese escenario se une la circunstancia de que hemos estado yendo a un teatro en el que nuestra seguridad en caso de emergencia, lejos de estar asegurada, estaba francamente comprometido.
Como su propio nombre indica, el Principal no es un teatro más Además de su belleza, es todo un símbolo para nuestra ciudad. Allí han tenido lugar muchos de nuestros más importantes eventos culturales y allí también hemos tenido oportunidad de actuar quienes, en uno u otro momento de nuestras vidas, soñamos entre bambalinas. Yo todavía recuerdo haber hecho allí mi primera función de ballet, con apenas seis años, con mi tutú blanco, mi coronita de flores rosa y toda mi ilusión a flor de piel. Después, han sido incontables las ocasiones en las que he vuelto a ocupar sus butacas e incluso a pisar su escenario: obras de teatro, musicales, ballets, funciones de fin de curso, teatre faller, premios o presentaciones de libros han sido algunos de los actos a los que he asistido en el Teatro Principal. De ellos, tan vez lo que más recuerdo fue la actuación de Rudolf Nureyev cuando vino a Valencia, todo un hito para las personas que disfrutamos de la danza o de la cultura en general.
El tiempo pasaba, pero el Teatro Principal permanecía allí, desafiando con su majestuosa estampa las modas y los años. O eso era lo que parecía porque ahora, de repente, se nos cierra. Y no para unos días sino para, al menos, cuatro años, ahí es nada. Y nos deja huérfanos de cultura, una vez más. Porque el Teatro Principal no es un simple teatro antiguo y bonito, sino que es un espacio de titularidad pública que debería servir para dinamizar ese siempre difícil sector cultural. Y, de momento, lo hemos perdido. Y con él hemos perdido muchas obras que nunca conoceremos porque no encontraran escenario donde representarse.
Parece mentira que, en un momento en que la cultura española parece estar de subidón con el tremendo éxito nacional e internacional de la película de los Javis, La Bola Negra, no seamos capaces de ponderar la importancia de la cultura en nuestra propia ciudad.
Hasta luego, Teatro Principal. Esperemos que no sea un adiós definitivo.