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Camino de los dos años desde la dana, los ayuntamientos seguimos trabajando para recuperar la normalidad. Todas las áreas municipales han estado y siguen estando al lado de la ciudadanía, desde los servicios sociales y la atención psicológica hasta urbanismo, cultura o atención ciudadana.
Pero también sentimos rabia e impotencia. La reconstrucción se ha sometido a procedimientos y criterios burocráticos que, muchas veces, no responden a la realidad de nuestros municipios. No se puede decidir desde un despacho, a cientos de kilómetros, qué necesitan nuestros pueblos sin conocer de primera mano sus problemas y necesidades.
Una catástrofe exige una respuesta extraordinaria. Sin embargo, una vez más, hemos sido los ayuntamientos quienes hemos tenido que tirar de nuestros recursos para dar una respuesta inmediata a nuestros vecinos y vecinas. Fuimos los primeros en estar allí y seguimos siendo quienes escuchamos cada día sus preocupaciones, sus necesidades y también su cansancio.
Mientras tanto, los proyectos avanzan con demasiada lentitud y los procedimientos administrativos no siempre tienen en cuenta una realidad que ha cambiado por completo. Los precios han subido, las necesidades han evolucionado y lo que hoy necesita un municipio no puede ser exactamente lo mismo que se planteó hace dos años.
No podemos permitir que la reconstrucción se convierta únicamente en una cuestión de expedientes, cifras y obras pendientes. Detrás de cada calle, cada plaza y cada edificio hay familias, comercios, asociaciones y personas que necesitan recuperar sus espacios y, sobre todo, recuperar la confianza en que volverán a tener una vida normal.
Dos años después, seguimos encontrando más trabas y procedimientos que soluciones. Y no podemos olvidar que reconstruir no es solo levantar calles, plazas y edificios. Reconstruir es también cuidar a las personas, recuperar su bienestar y devolverles la tranquilidad y la vida que tenían antes de la dana.
Porque la verdadera reconstrucción debe poner a las personas en el centro. Y para conseguirlo, necesitamos que las administraciones supramunicipales escuchen a los ayuntamientos, agilicen los procedimientos y entiendan que detrás de cada proyecto hay un municipio que lleva demasiado tiempo esperando.