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Elconfinamiento de excepción al que nos ha llevado la pandemia coronavírica queestamos padeciendo ha llegado a la séptima semana, y, aunque todos sabemos quees por nuestro bien, no deja de ser un verdadero suplicio estar incomunicado,pues los humanos somos una especie gregaria y social, y por ello, necesitamosestar en contacto con otras personas afines con las que compartir viandas, conocimientos,experiencias, vivencias…
Mas, comoademás también somos una especie con muchos recursos, estamos intentado supliresa falta de contacto físico, esa falta de abrazos y de poder realizar nuestroshabituales quehaceres, con todo tipo de actividades «en línea».
Así, si eresun amante de la ópera, el Teatro Real de Madrid y la MetropolitanOpera House, ponen a nuestra disposición un extenso repertorio de obrascon las que poder disfrutar en esos largos días de confinamiento.
Pero no sólolos buenos melómanos están de enhorabuena, pues el Museo del Pradoperiódicamente hace un recorrido virtual por las diferentes salas del museo comentandolas virtudes y bondades de un cuadro y de su pintor.
Y, además deestas actividades culturales, también debemos poner en valor todo el esfuerzoque están realizando los gimnasios y academias para ofrecernos todo tipo declases, cursos, seminarios, conferencias, visitas 3D, y cuanto pueda realizarsea través de una pantalla de manera más o menos interactiva.
Pero, nodebemos olvidar que todo lo antedicho, se está desarrollando dentro de un marcoexcepcional que está desembocando en una nueva manera de percibir la vida quelos medios de comunicación han bautizado como Nueva normalidad. Mas,no olvidemos que la normalidades aquello que en un principio era anormal, pero con el uso y el paso deltiempo llegamos a acostumbrarnos a ello.
Por todo lo comentado, llegué al razonamientode que, en esta ocasión, voy a comentar el libro Rebelión en la granja,publicado en 1945, del escritor EricArthur Blair (1903-1950), másconocido como George Orwell, siendo esta novela una gran sátira delrégimen zarista.
Y, a pesar de estar publicado hace 75 años, suargumento sigue siendo tan vigente que, bien pudiera parecer que el libro sepublicó ayer por la tarde.
La novela se desarrolla en una granja llamada,en un principio, Granja Manor, donde su dueño, el señor Jones, algodado a la bebida en los últimos tiempos, intenta llevarla adelante cada vez conmenos acierto e interés. Así pues, el cerdo llamado Viejo Mayor reúne alos animales, y haciendo alusión a que el señor Jones no les da todo loque merecen y precisan, propone realizar una rebelión, con la que consiguenexpulsar al señor Jones de su propia granja.
El Viejo Mayor muere, pero los cerdos seauto proclaman dirigentes de la granja y se ponen al frente de la misma, a lacual le cambian el nombre por Granja Animal. Y para su nueva normalidad,proponen siete normas con las que todos los animales están de acuerdo.
1. Todo lo que camina sobre dos pies es unenemigo.
2. Todo lo que camina sobre cuatro patas,nade, o tenga alas, es amigo.
2. Ningún animal usará ropa.
3. Ningún animal dormirá en una cama.
4. Ningún animal beberá alcohol.
5. Ningún animal matará a otro animal.
6. Todos los animales son iguales.
La Granja Animal comenzó a funcionar muybien, e incluso tuvo un momento de prosperidad donde todos los animales eranmás o menos iguales y convivían felizmente, aunque siempre bajo la supervisiónde los cerdos, los cuales poco a poco se fueron auto concediendo numerososprivilegios, como levantarse una hora más tarde que los demás, ir a vivir a lacasa del expulsado granjero, o beber alcohol.
Mas, los dos cerdos líderes se enfadan entreellos, y Napoleón, el cerdo dominante, expulsa de la granja a Snowballel cerdo que quería hacer prosperar la granja enseñando e instruyendo a todoslos animales de la misma.
Napoleón se convierte en el mando supremo de la granja, al que comienzan a llamar«nuestro líder», y debido a su codicia y su ambición de poder, se convierte enun auténtico dictador que somete a la granja en todos los sentidos, ayudado porlos perros, que eran su escolta personal. Se olvida totalmente de los motivosque los llevaron a la rebelión, y con ello, comienza a tomar los hábitos yvicios humanos, como vestirse con ropas, dormir en camas y erigirse paracaminar en dos patas, cosas que prohibían sus normas, así que, sin ningúnpudor, modifica algunas de ellas para adaptarlas a lo que estaba haciendo,quedando de esta manera:
Ningún animal dormirá en una cama con sábanas
Ningún animal beberá alcohol en exceso
Ningún animal matará a otro animal sin motivo
Finalmente, los cerdos comienzan a comerciarcon los humanos arrebatando a los demás animales lo que producían, como lohiciera el señor Jones. Se hacen amigos de los humanos y dejan a un ladoa los animales, a los que utilizan tan sólo como fuente de ingresos para viviruna gran vida a costa de los esfuerzos de estos.
Los granjeros acaban aceptando a los cerdoscomo interlocutores válidos, aunque la vida en la granja fuera más dura, y conunas condiciones de trabajo mucho peores que cuando la regentaba el señorJones, llegando incluso las raciones de comida a ser mínimas, y el trabajomáximo. Las normas se reducen a una sola:
Todos los animales son iguales, pero algunosanimales son más iguales que otros.
Tras ver la deriva de la granja, la yegua Molliedecide abandonar la Granja Animal para ponerse de nuevo al servicio delos humanos en una granja vecina.
La novela finaliza con una lapidaria fraseque bien merece unos minutos de reflexión:
«No había duda de la transformación ocurridaen las caras de los cerdos. Los animales asombrados, pasaron su mirada delcerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y, nuevamente, del cerdo al hombre;pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro».
Moraleja: como esta novela se presta a muchasinterpretaciones, cada uno que extraiga la que estime oportuna.
Desde mi enclaustramiento hogareño en miValencia natal (España), tan sólo me queda por decir que…
Valencia es sinónimo de cultura.