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Este año se conmemoraba el vigesimoquinto aniversario de la salida al mercado de lo que se conoce como libros de bolsillo. Y digo que es lo que se conoce como tal porque, por más que su tamaño sea pequeño, es casi imposible que quepan en un bolsillo, al menos en un bolsillo de dimensiones convencionales.
Pero tanto da. Se entiende como libro de bolsillo aquel de tamaño más reducido que las ediciones de tapa dura, y de precio, en consonancia, más reducido también. Significa, además, un éxito editorial, por cuanto que cuando un libro se edita en este formato, es porque ya ha tenido una vida provechosa en su primer formato, y merece esa segunda edición en versión más popular.
En mi caso relaciono estos libros de bolsillo con el verano, y con la playa o la piscina, donde una trata de ponerse al día en esas lecturas que el día a día dejó aplazadas, y que, además, pueden ser transportadas sin añadir demasiado peso o volumen a esos equipajes veraniegos ya de por si abundantes. Los libros de bolsillo son compatibles con la sombrilla, la hamaca, la nevera con las bebidas y la tartera con la tortilla de patata. Pueden llevarse junto a las palas, los cubos, los flotadores o la petanca, y se pueden depositar ente la colchoneta y la toalla sin demasiado miedo a que se estropeen sus páginas.
Los recuerdos de muchos de los libros con los que más he disfrutado van indisolublemente unidos al formato de bolsillo, y también con el hecho de esperar pacientemente a que saliera la edición de bolsillo para hacerme con algún título, que la economía no siempre permitía grandes alegrías y la cultura, por desgracia no es barata.
Los libros de bolsillo han sobrevivido a lo que en su día se consideró que sería gran competidor, el libro digital. Pero el tiempo ha demostrado que el papel sigue teniendo su magia y que, aunque las pantallas se abran camino, nunca sustituirán a los libros de bolsillo de toda la vida.
Así que, ahora que llega las vacaciones, no olvidemos hacernos con todos esos títulos que estaban esperando su oportunidad y meternos en nuestras maletas. Seguro que no nos arrepentiremos de llevarnos a tan fantásticos compañeros para los días de asueto
Yo no veo el momento de empezar a devorarlos. Porque será el momento en que las vacaciones habrán empezado de verdad. Mientras tanto, voy fantaseando sobre cuántos y cuáles me llevaré. Una decisión siempre difícil.