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LOS OJOS DE LA DANZA

Susana Gisbert
Susana Gisbert. /EPDA
Susana Gisbert. /EPDA

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Hoy me asomo a estas páginas para contar una experiencia muy especial. Tanto, que no podía dejar de contarla

El pasado sábado asistí a un espectáculo de danza en Cullera. Algo que nada tiene de particular, sobre todo teniendo en cuenta que en él actuaba mi hija con su compañía Takiri. Pero lo que puede parecer normal se volvió extraordinario si tenemos en cuanta quien fue mi compañero de butaca, Héctor, un amigo que, además de fiscal como yo, es ciego.

 

Seguro que más de uno y de uno dirán que un ciego no puede ver un espectáculo de danza. Pero se equivocarán de medio a medio. Como ya me dijo el mismo Héctor en otra ocasión, para ver las cosas no son necesarios los ojos. Y tenía razón. Y en esta ocasión fui yo quien tuve el privilegio de servirle de ojos para complementar con mi vista aquello que él ya percibía con su sensibilidad.

He de decir que disfruté del espectáculo como no lo había disfrutado nunca. Mi responsabilidad era muy grande, nada menos que traducir a palabras lo que se desarrollaba ante mis ojos. Traté de describirle cada evolución, cada cambio de ritmo, cada cadencia, cada característica del movimiento, de la expresión de la cara y de la expresión del cuerpo de las seis bailarinas. Intenté hacerle llegar las sensaciones que a mí me llegaban, que sintiera lo que yo sentía, y que, de algún modo, viera lo que yo veía. Y, por lo que comentamos luego, creo que conseguí mi objetivo.

No desvelaré ningún secreto si digo que la danza me hace feliz. Pero haber sido de compartir esa felicidad con alguien que no podía hacerlo, me hace todavía más feliz.

Mil gracias a la compañía Takiri por ese magnífico espectáculo llamado “Cube”, ejecutado, incluso, a pesar de alguna que otra dificultad técnica. Y mil gracias más a Héctor por permitirme compartir algo así, por dejarme ser sus ojos y tratar de llegar a su alma. Soy muy afortunada.

Y, llegada a este punto, me atrevería a hacer una recomendación a todo el mundo. La próxima vez que veáis un espectáculo, tratad de imaginar como se lo explicaríais a alguien que no pueda verlo. No lo olvidareis nunca.

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Susana Gisbert
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