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– PILAR: ¡qué placer! Ya va refrescando. Se nota que ha llegado el otoño.
– ANGIE: sí, las hojas de los árboles se tornan ocres, se secan y caen. Me encanta.
– CLARA: a mí también me gusta esta estación. Oigo el crujir de esas hojas bajo mis pies. Todo el paseo del faro de Canet, desde la playa hasta el pueblo, se convierte en una alfombra multicolor...
– ANGIE: sí, todo cae: mis tetas, el pelo, y hasta ¡el suelo pélvico!. Por favor, vaya bombardeo de anuncios en redes sobre los ejercicios que tenemos que hacer con la pelvis.
– PILAR: jajaja. Tienes razón, hasta mi marido me preguntó ayer si él tenía eso también.
– CLARA: a mí se me cae la casa encima cuando me siento un momento y veo que también cae la pintura del techo. Tengo que pintar toda la casa y … limpiar los marcos de los cuadros, que también se van a caer con el peso del polvo. Jajaja.
– ANGIE: ¡dinero del cielo tendría que caer! Ya me contarás cómo vas a pagar a los pintores si ha caído en picado la cuenta del banco con la vuelta al cole.
– PILAR: yo he gastado alrededor de 500 € con el pequeño, solo con la compra de material y ropa. Y ya he leído que me costará unos 2.500 este año.
– ANGIE: pues ya sabes, tienes que ir pensando en ahorrar para el cordero y los turrones. Hasta entonces, bocata mortadela para merendar y cenar.
– CLARA: aprovecharemos para hacer dieta. ¡Qué cruz!: caen los estrógenos, progesterona, testosterona, las ganas de… eso; pero suben el colesterol, glucosa, triglicéridos, bilirrubina, y ¡los precios!
Angie sigue pensando en la caída del cabello, del suelo pélvico y de los pechos: ¡maldito Newton, su manzana, y la genética...y la pila de años!