Ir al contenido principal

Más que un premio literario

caricatura m.angeles

Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora

“Vuelven fantasmas que teníamos superados”, declaraba el catarrogí Pascual Wilson Ferrús recientemente galardonado con el Premio Dolors Catalá de No ficción infantil en su sexta edición, integrado en los septuagésimos “Premis Literaris Castellum Ripae 2026”. Su manuscrito “Guardians de la memoria” demuestra que es posible crear obras magistrales para comunicar la verdad histórica al público infantil refiriendo sobre paladines como Joan Baptista Peset Aleixandre, asesinado por la dictadura franquista, y silenciado por los tentáculos de sus travestidas secuelas. “Hay un déficit evidente de divulgación popular”, dictamina Ferrús.

“El franquismo no sólo persiguió a opositores políticos; ejecutó un plan sistemático de decapitación intelectual del país. Asesinar o exiliar a la élite científica y pedagógica permitió imponer un modelo obscurantista y retrógrado durante cuatro décadas. Reconocer esto implica asumir la enorme factura cultural y científica que pagó España. La Transición priorizó el silencio en favor de la estabilidad y aún hoy existe una resistencia política considerable a reparar la memoria de esos docentes y científicos, porque retrata con crudeza la naturaleza de la dictadura”, declara el citado catedrático de Instituto de Lengua y Literatura Valenciana.

Peset Aleixandre quería y decía “que tots els xiquets i xiquetes han de tindre els mateixos drets, poder anar a l´escola y viure sense por”. Con tan inestimable mensaje el también profesor asociado en la UV (Universitat de València) redacta la introducción de su obra conviniendo que la literatura infantil “tiene un poder transformador inigualable; nos permite explicar a los más pequeños quienes somos, de dónde venimos y qué valores defendieron figuras tan extraordinarias como el doctor Joan Baptista Peset Aleixandre”.

En “Guardians de la memoria” se aborda con llaneza la historia de un valenciano humanitario, científico internacionalmente reconocido, doctor, médico, rector de la Universitat de València y republicano que el franquismo asesinó. Crímenes impunes en una España enjaulada por sus propios martirizadores, nostálgicos del fascismo, y por los siempre activos y sumisos peleles de facinerosos pandilleros transnacionales.

“T´has imaginat mai com protegeries el teu tresor més gran si unes persones malvades el volguerem destruir?”, pregunta Ferrús relatando como profesores de La Nau de la Universitat de València escondieron el retrato de su rector para salvaguardarlo. “Perque al país havien arribat uns governants que no estimaven la llibertat”.

¿Cuántos retratos más, cuántos libros en valenciano más, cuánta indumentaria tradicional más, cuánta música, obras de teatro, instituciones culturales y científicas más, caerán bajo la derecha y ultraderecha en el País Valencià?

¿Se conoce realmente a Peset Aleixandre o es solamente “un nombre en el mapa urbano o un centro sanitario”? Infancia y adolescencia ignoran su dimensión humana, científica, política, algo que Ferrús subsana con su relato.

“Cada vegada que passes per dabant de l´hospital, d´un carrer, d´una plaça o d´un institut que porte el seu nom, ja no veuràs només unes lletres fredes en una paret. Sabrás que darrere d´eixe nom hi ha la història d´un xiquet que mirava els estels (…), d´un metge que curava gratis els qui tenien diners, d´un rector que defensava els seus estudiants i d´un pare que va preferir no pujar a un avió i salvar la seua vida per no abandonar la seua familia”, especifica.

Humanista, insigne pionero en la salud pública y vacunación, Peset Aleixandre “fue fusilado precisamente por su defensa intransigente de la ciencia, la cultura y la democracia”, asevera el autor.

Sangre, purgas y devastación de cualquier sistema público de asistencia a la población, - con Franco personas en paro y amas de casa dependientes del cabeza de familia no tenían cobertura sanitaria gratuita-, son señas de identidad de totalitarismos destructores que gustan de provocar la insania en personas convirtiéndolas en meros objetos, simples números, objetivos a destruir. El dramaturgo melillense (España) Fernando Arrabal refería al ser entrevistado en mil novecientos setenta y ocho, -tres años después de la muerte del dictador-, para la contracultural revista Ajoblanco, que “en tiempos de Franco había que tener un certificado de lealtad al régimen para trabajar o estudiar”.

Aún resuenan en los cerebros de algunas personas las jactanciosas palabras, -citadas en anterior artículo-, de un alto cargo militar franquista refiriéndose al asesinato de Peset Aleixandre: “A ese lo matamos nosotros”.

“Els qui van acabar amb la seua vida, els qui van intentar esborrar la seua historia i fer-lo desaparèixer de la memoria dels valencians, els qui van tractar de destruir la seua imatge… pensaven que havien guanyat”. ¡Idiotas perversos! ¡España no olvida! Nunca ha olvidado por mucha desinformación, silencios y bulos. Las ciento de miles de víctimas tiradas en  fosas comunes como quien echa una colilla, condenadas al subtierro (olvido), siguen vivas en la memoria, asidas a la vida de millones de españoles y españolas, a pesar del esmero por liquidar a cuantos supervivientes pudiesen pedir cuentas a los criminales. ¡Es hora de romper el mutismo, de tragarse la angustia, de rechazar vivir con miedo! Peset Aleixandre mostró el camino a seguir junto a maestros y maestras fusiladas o exiliadas que firmemente creían “que la escuela podía cambiar el mundo”. Ante tal probabilidad de florecimiento, ¿cuál sería la estrategia de la dictadura? Sencillamente cambiar la escuela, organizarla a medida de sus dogmas.

Y ahora, en el siglo veintiuno, ¿qué hacer ante la vuelta de los discursos de odio? “¿Nos cruzamos de brazos?”, pregunta Ferrús. “No podemos resignarnos, la cultura y muy especialmente la literatura juega un papel insustituible” en la humanización de sociedades brutalmente asediadas por intereses patibularios.

¡“Que aquello que pasó no caiga jamás en el olvido”!

“Guardians de la memoria” es “una puerta abierta para que los más pequeños comprendan que defender la libertad, la ciencia al servicio del pueblo y la defensa de los derechos humanos no son más que una cuestión de libros de historia, sino un compromiso de vida”, puntualiza Ferrús.

El evento literario se llevó a cabo en el edificio Inmavi, -centro cultural de Castelló-, y en su discurso el premiado felicitó a cuantos maestros y maestras, educadores y formadores continúan “trabajando para construir otro mundo”, “¡gracias!”. “Guardians de la memoria” se publicará durante el primer trimestre de dos mil veintisiete.

“La història de Joan Baptiste Peset Aleixandre pot parèixer, al principi, una historia molt trista. És la vida d´un home bo a qui van fer coses molt injustes només per pensar diferent i per ser massa intel-ligent (…) en realitat, és una  historia plena de victoria”, explicita uno de los párrafos.

¿Perdurará la ignorancia más absoluta en las aulas sobre la historia reciente de España?

Ferrús comenta que “sigue siendo un silencio por defecto o por falta de tiempo, con frecuencia, la historia del siglo veinte se imparte con prisas al final del curso”. Pero habrá algo más que la cause ¿no es cierto? “Persiste el miedo a que tratar la memoria democrática sea etiquetado como adoctrinamiento”.

El “cortafuegos contra el olvido” reside en la comunidad educativa, su compromiso social y la investigación académica.

¿Cómo se ha permitido “diluir la diferencia entre una legalidad democrática -la República- y un golpe de Estado fascista”?

Artimañas políticas de tufo franquista invisibilizan a las víctimas, desmantelan y devalúan leyes de memoria democrática fomentando “la amnesia colectiva”, ese robusto meandro de ignorancia supina que distrae el cauce de la verdad histórica de España mediante “omisión sistemática y autocensura previa”.

Familias diezmadas, angustias y lutos perpetuados, mudez trasmitida generacionalmente y personas buscando los restos de sus familiares asesinados siguen siendo realidades de plena actualidad. Ninguna estratagema acalla la rabia encendida durante más de ochenta años.

“Alguien tiene que parar el fascismo”, afirmaba Eric Arthur Blair alias George Orwell, autor de novelas distópicas como 1984 y Rebelión en la granja al unirse, en España, a la milicia del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista -con implantación en Cataluña y València-). De tales vivencias nació la novela Homenaje a Cataluña. Orwell fue uno de los primeros en alistarse como voluntario internacional entre los miles que se solidarizaron con la acechada República.

“Muchos profesores evitan abordar ciertos episodios de nuestra historia reciente por miedo a conflictos con familias o administraciones”, confiesa Ferrús y “los manuales escolares muchas veces pasan de puntillas por la represión franquista, el exilio científico o la depuración del magisterio para evitar polémicas”.

Actualmente “la presión ideológica (como las amenazas de vetos parentales o el acoso a docentes) genera un efecto inhibidor”.

“Al quadre eixía un senyor amb ulleres redones. Portava la toga negra de rector (…) es deia Joan Baptiste Peset Aleixandre. No tenía súper poders, ni sabía volar, ni portaba una capa de superheroi. Pero tenía dos tresors que feien el bé a tot el món”: la ciencia “i un cor gegant”.

Para Ferrús uno de los pilares esenciales en la educación consiste en “conectar con los valores abstractos de libertad, solidaridad, rigor científico y con personas de carne y hueso que los encarnaron, como el propio Peset Aleixandre”. Valores que cobran sentido cuando los jóvenes ven lo que costó defenderlos. ¿Cuánta juventud hay aún que ni se lo plantea? ¡Cuantísima! está demostrando coraje e inteligencia organizándose para defenderlos junto a su derecho a la vivienda, salud pública, pensiones, territorio, medioambiente y educación; creando historia porque “la verdad histórica no depende del boletín oficial del gobierno de turno”.

El lienzo oculto de Peset Aleixandre muestra “línies en la pintura que ens recorden el temps en què parlar de la veritat estaba prohibit, però que també ens demostren que, al final, la llum sempre guanya la foscor”.

¿Por qué los asesinatos franquistas siguen siendo una asignatura pendiente?

El franquismo oversize (amplio) lo mata todo. También asesinó a militares de rango fieles a su juramento a la República. Siete comandantes en jefe de las ocho regiones militares, diecisiete oficiales generales de los veintiuno, la totalidad de generales de la Guardia Civil y el general jefe de Aviación y cuarenta y dos generales de brigada de los cincuenta y nueve que habían, según detalla el aludido y polifacético creador Fernando Arrabal. “¡Cuántos militares dieron su sangre por la República!”.

Ante el “silencio baboso” instalado en España, el susodicho Premio Nacional de Literatura Dramática y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Arrabal, añadía que “si nadie critica ¿cómo se puede progresar? España no era sino una cárcel compuesta de pequeñas cárceles que se precipitaban hacia el infierno (…) Se escupía sobre los fusilados. Sabíamos que los presos debían comer y hacer sus necesidades en la misma lata de pescado; que muchos morían de hambre; que otros perecían extenuados en los campos”.

Peset Aleixandre padeció cautiverio en esos infrahumanos campos de concentración franquistas; en Albatera (Alicante) y Portaceli (València).

Juan Goytosolo escritor y periodista barcelonés, Premio Miguel de Cervantes en el año dos mil catorce afirmaba que “Ignorar u ocultar las faltas y crímenes del pasado es condenarse a repetirlos en el futuro”.

Sobre el autor

caricatura m.angeles
ÁNGELES SANMIGUEL
Ver biografía
Lo más leído