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Yasé que es un tema recurrente. Pero tenía que hablar de ello. Porquetengo la sensación de que cada vez se hace menos, y no porque ocurramenos, sino porque importa menos. Ojalá sea solo una sensación y meequivoque.
Hablode la violencia de género. De esa otra pandemia -así la calificóla OMS- que ya estaba ahí mucho antes de que el coronavirus nosllenara la boca con la palabra “pandemia”. Y he de hacerlo porquelo ocurrido esta semana no puede pasarse por alto.
Ensolo 72 horas computamos cinco asesinatos machistas. Cinco. Ahí esnada. Cuatro mujeres, una de ellas embarazada, y un niño de 7 añoseran asesinados por quien más debía de quererlos o de haberlesquerido. Cuatro maltratadores acababan con la vida de sus víctimasen nombre de un terror machista que hay quien todavía se obstina ennegar.
Perono voy a hablar de quienes lo niegan, sino de quienes saben que laviolencia de género existe y mata. Me preocupa mucho más la actitudde quienes, aun reconociendo la existencia de la violencia de género,se han acostumbrado de tal modo a ella que ya ni les causa impacto.
Nolo digo porque sí. En otro momento, esta noticia hubiera abiertoinformativos en todos los medios. Los cadáveres calientes eran elsalvoconducto necesario para que la violencia machista viajara hastalos titulares. Pero eso fue en otro momento. Ahora nuestro umbral dela tolerancia ha subido tanto que apenas se le ha prestado atención,más allá de quienes siempre tratamos de estar al quite en estamateria.
Pensemospor un momento en qué pasaría si en una sola semana se asesinara acinco periodistas, cinco albañiles o cinco políticos, por poneralgún ejemplo. Nadie hablaría de otra cosa, y no habría pandemia,ni crisis de inmigración que pudiera eclipsarlo. Ahora, sin embargo,cualquier excusa vale para justificar esa falta de atención,
Depoco sirve que se sostenga que un programa sobre lo vivido en elpasado por una famosa ponga la violencia machista en primetime cuando cincoasesinatos en el presente no lo consiguen,
Hagamosla prueba. ¿Cuánta gente se ha enterado de lo sucedido esta semana?¿Cuántas personas saben que nos faltan cuatro mujeres y un niño?Tal vez nos espante el resultado del experimento más de lo quecreemos.
Loque no se cuenta no existe. Y lo que no existe ni preocupa ni haceque se busquen soluciones. La pescadilla que se muerde la cola. Peroaquí nos jugamos mucho más, Nos jugamos vidas humanas.