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La pasada semana se celebraba el Día de la montaña rusa. Confieso que leerlo me dejó como pasta de boniato, porque no entiendo muy bien qué trascendencia pueda tener este evento, pero con eso de los días temáticos ya se sabe: hay de todo, como en botica.
Siempre me he preguntado por qué a las cosas se les atribuye una nacionalidad, como a la montaña rusa. ¿Será como la ensaladilla rusa, o la ruleta rusa, que poco tienen de ruso? Los ejemplos de esa atribución nacional fake son muchos, desde la gripe española a la tortilla francesa, pero parece que en el caso de la montaña rusa sí que hay una relación. Nos dice la Wikipedia que el origen de la atracción está en los toboganes de hielo y madera construidos en Rusia durante el siglo XVIII donde a gente se deslizaba con trineos. Así que la montaña rusa sí que es rusa. Siempre se aprende algo.
En cualquier caso, y sea cual sea su origen, hay que reconocer que es algo que conoce todo el mundo y que ha resistido el paso de los años. En su día, era la atracción reina de los parques de atracciones, y, aunque hoy hay otras muchas tratando de desbancarla, ahí sigue, inasequible al desaliento y reinventándose si es necesario
¿Quién no ha montado alguna vez en una montaña rusa?. Los más aventureros, han repetidos. Para otros, fue un “una y no más, Santo Tomás” que no hemos venido a este mundo a sufrir ni a echar los higadillos por la boca. Pero hay que reconocer que la sensación de vértigo de esa primera vez que una siente como sube a lo más alto para precipitarse hacia abajo en segundos es inolvidable. Y tal vez esa sensación sea la que merezca el honor de un día temático.
De hecho, la sensación vertiginosa ha traspasado el mundo de lo físico y ha entrado de lleno en lo metafórico. Hay vidas que son como montañas rusas, trabajos en los que una se siente como una montaña rusa o relaciones personales con las mismas subidas y bajadas que una montaña rusa. Hasta respecto a clima se utiliza esta figura. Sin ir más lejos, lo que vivimos la pasada semana en la Comunidad Valenciana, pasando de un día de calor extremo a un reventón térmico con lluvias torrenciales, vientos desatados y una fuerte bajada del termómetro, fue descrito como una montaña rusa.
Pero, aunque el vértigo este bien para las atracciones de feria, en la vida mejor las cosas más tranquilas. ¿O no?