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Olas y más olas de calor

Susana Gisbert

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Apenas ha empezado el mes de agosto y ya hemos pasado si no se me ha ido la cuenta cuatro olas de calor. Unos episodios en que, como su propio nombre indica, el calor supera lo normal en esa época -o en todas las épocas- del año, y trae consigo una considerable cifra de muertos, de los que se habla poco, y unos cada vez más terribles incendios forestales, de los que se habla mucho.

La cosa no es para tomarla a broma, aunque, si se quiere poner un poco de humor, cabría preguntarse cuándo nos encontramos en una no-ola de calor, como el famoso no-cumpleaños que celebraba Alicia en el País de las maravillas. Pero esto no es una maravilla, sino todo lo contrario, por desgracia.

En principio, lo del calorcito del verano -que no el caloret- era algo apetecible cada vez que llegaba la estación estival. Pero cada día se hace más insoportable y ahora se habla de “buen tiempo” cuando el termómetro nos da una tregua y desciende unos grados, cuando siempre el buen tiempo era el tiempo soleado.

Algo ha sucedido de un tiempo a esta parte. Por supuesto que en verano ha hecho calor toda la vida, pero ni tanto ni tan intenso. También ha habido siempre incendios, pero ya nos han repetido hasta la saciedad que los de ahora nada tiene que ver con lo de antaño. Así que, si no se puede negar que algo ha cambiado, y que tiene que ver con el clima, blanco y en botella. Cambio climático. Aunque haya quien se empeñe en seguir negando lo innegable.

No sé cuántas olas de calor más tendremos que soportar, pero, a pesar de que nunca me he caracterizado por mis dotes de pitonisa, estoy segura de que serán varias. Y, así, lo que realmente ignoro es cuántos días de no-ola de calor vamos a tener. Y lo que no me atrevo ni siquiera a aventurar es cuántas hectáreas más de bosque vamos a perder, pero estoy segura de que la respuesta, de conocerla, no le gustaría a nadie.

Obviamente, en estos momentos nada podemos hacer por evitar los efectos del cambio climático y su calor agobiante, más allá de seguir los consabidos consejos de beber agua, no exponerse a las horas de máximo calor, refrescarse en la medida de lo posible con aire acondicionados, abanicos y ventiladores, y tomárselo con resignación. Pero, aparte de eso, está claro que hay que hacer algo. O llegará el verano en que no haya un solo día de no-ola de calor.

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