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Olores y perfumes

Susana Gisbert
Susana Gisbert. /EPDA
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La verdad es que iba a titular este artículo “El perfume”, pero recordé la película y la novela homónima de Patrick Süskind y me eché atrás, por eso de los derechos de autos, y porque nada tienen que ver mis reflexiones con la historia de un asesino. Aunque nunca se sabe.

Lo pienso todos los años cuando llegan estas fechas. Qué tendrán las Navidades para que la gente se plantee oler tan bien que los anuncios de perfumes copen los espacios de publicidad. Aunque en realidad lo que se plantea es que huelan bien los demás, porque el perfume y sus derivados como colonias, fragancias y demás se convierten uno de los regalos estrella. O pretenden convertirse, vaya.

Hay quien tira del perfume como regalo “fácil” para quedar bien sin calentarse mucho la cabeza. Pero yo no lo veo tan claro. Hay gente más fiel a una fragancia que a su pareja, y puede recibir con desagrado un regalo que denota el más profundo desconocimiento de sus gustos. Incluso hay quien lo puede tomar como una indirecta referida a sus efluvios.

Pero, al margen de todo eso, la pregunta va más allá. ¿Hay que oler bien solo en Navidad? ¿O tal vez es que hay que hacer acopio de colonia para el resto del año? No tengo respuesta, pero lo bien cierto es que es esta época donde las empresas perfumistas parece que hacen su agosto y que son, con juguetes y turrones –esos sí, lógicos en estas fiestas- los reyes de la publicidad.

En mi caso –aviso para navegantes- agradezco un regalo de este tipo, porque agradezco cualquier detalle. Pero agradezco mucho más si se trata de una marca que me guste o algún aroma que me sea grato en particular, porque denota que la persona que me lo hace se ha molestado en conocer mis preferencias y no se ha conformado con cubrir el expediente. Pero igual es que soy un poco tiquismiquis.

Dicho esto, recuerdo a todo el mundo que hay que oler bien siempre, y que la colonia, sin una higiene adecuada, no hace sino empeorar la situación. No hay más que subirse en algún transporte público en hora punta para comprobar lo que digo. La Navidad es tiempo de adornos, turrones y villancicos, pero el resto es para todo el año. O debería serlo.

No obstante, cuando de publicidad navideña se trata, sigo añorando a las doradas burbujas del cava que simbolizaban las navidades de mi infancia y mi adolescencia. Y que, esas sí, volvían a casa por Navidad, como el turrón.

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Susana Gisbert
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