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Aún no había llegado el mes de octubre y el miedo volvía a atenazarnos. Todavía no había empezado a llover, pero los anuncios de cierre de parques y suspensión de algunas actividades ya nos daban algunas pistas de lo que podía pasar. Pero eso fue todo. De nuevo, las cosas nos pillaron con el pie cambiado y las alarmas en los móviles sonaron cuando ya casi todo había pasado.
No puedo ni imaginarme lo que sentirían quienes lo perdieron todo en la fatídica Dana de 29 de octubre de 2029 al ver que de nuevo el agua nos mostraba su cara más mortífera. No alcanzo a sentir lo que sentirían quienes perdieron a parejas, padres, madres, hijos o hermanos al ver que el fantasma de lo que sucedió volvía a rondarnos. Porque el recuerdo de lo que pasó aquel día les acompañará siempre, como no podría ser de otra manera.
Cuando aquello pasó, quienes habían vivido la riada de 1957 se sintieron vulnerables otra vez, revivieron lo que ocurrió en su día y que contaban sin que les hicieran demasiado caso. También quienes fueron víctimas del desbordamiento de la presa de Tous, la "pantanà" de 1982 sacaron a la luz sus peores recuerdos.
Ahora, quienes de uno u otro modo hemos vivido el drama de la Dana de 2024 miramos al cielo con miedo cada vez que la naturaleza se empeña en recordarnos que no lo tenemos todo controlado, y que, de alguna manera, se tiene que vengar del maltrato al que la hemos venido sometiendo desde hace tantos años.
No es nada nuevo, dirán algunos, que, en esta tierra de las flores, de la luz y del amor ha llovido siempre con una fuerza desmedida. Ya lo decía Raimon en aquella canción, "al meu país la pluja no sap ploure" -en mi país la lluvia no sabe llover- y lo decían, mucho antes, las valencianas de Albal, una piza de nuestro folklore que habla del "any de les barrancades". Pero cada vez es peor, y más impr4evisible, porque el cambio climático, le pese a quien le pese, nos trae estas cosas.
Pero, si está claro que llegamos tarde para evitarlo, lo que sí deberíamos es aprender a evitar sus consecuencias. Por fortuna, esta vez no ha habido ningún muerto en la Comunidad Valenciana -aunque hemos de lamentar un fallecido en Cataluña- pero las imágenes de calles y carreteras inundadas y de destrozos por todas partes nos recordaban demasiado lo que sucedió. Y lo que podrían volver a suceder. No lo olvidemos nunca.