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Los buenos jefes de prensa… y los que confunden lo público con su cortijo

La mayoría de responsables de comunicación de ayuntamientos e instituciones valencianas hacen un trabajo profesional, amable y resolutivo; el problema llega cuando algunos convierten la información en herramientas de de presión

Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.

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Hay un trabajo dentro de las administraciones públicas que demasiadas veces pasa desapercibido y que, sin embargo, resulta esencial para que los medios podamos cumplir nuestra función con rigor, rapidez y garantías: el de los jefes y jefas de prensa, responsables de comunicación y profesionales de los gabinetes de ayuntamientos, diputaciones, consellerias, empresas públicas y demás instituciones valencianas.

Después de muchos años ejerciendo el periodismo y tratando prácticamente a diario con administraciones de todo tipo, creo que es justo reconocer a quienes entienden perfectamente cuál es su función. Son esos profesionales que responden al teléfono, que devuelven una llamada cuando en ese momento no pueden atenderte, que buscan un dato, contrastan una información, localizan a un alcalde, concejal, diputado o responsable público y que, incluso cuando no pueden facilitar aquello que se les pide, explican con educación el motivo. Así son la inmensa mayoría y si estás entre ellos y ellas, muchas gracias.

Muchos hacen un trabajo extraordinario, casi siempre lejos de los focos, soportando urgencias, llamadas fuera de horario, crisis políticas, fines de semana complicados y situaciones en las que deben intentar conciliar los intereses de la institución con el legítimo derecho de los periodistas a preguntar y de los ciudadanos a estar informados. Ser amable, resolutivo y colaborador no significa trabajar para el periodista, sino comprender que la comunicación institucional es también un servicio público.

Afortunadamente, en la Comunitat Valenciana hay muchísimos profesionales de este nivel, tanto en grandes administraciones como en pequeños ayuntamientos, y quienes llevamos años en este oficio sabemos perfectamente quiénes son. Su profesionalidad facilita el trabajo de todos y, además, contribuye a que las instituciones sean más transparentes, accesibles y cercanas.

Y luego están los otros: los que no cogen el teléfono, los que jamás devuelven una llamada, los que ponen obstáculos innecesarios, los que creen que un gabinete de prensa existe para esconder información y, peor todavía, los que amenazan directa o indirectamente con retirar publicidad institucional porque no les ha gustado una noticia. Ponen a una agencia de publicidad de parapeto pero los que te excluyen son ellos y sus jefes, el alcalde que coloca a su mujer en la empresa pública de turno o el alcalde que se encadena en el poliamor municipal.

A esos conviene recordarles algo muy sencillo: el dinero público no es suyo, la publicidad institucional no puede utilizarse como premio ni como castigo y los periodistas no estamos para escribir al dictado de ningún político ni de ningún gabinete. Quien confunda comunicación institucional con propaganda, y los fondos públicos con una herramienta de presión sobre los medios, no ha entendido absolutamente nada de su función.

Y si después de tantos años de democracia todavía hay alguien que no comprende algo tan elemental, que se vaya, directamente, a la mierda.

Sobre el autor

Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.
PERE VALENCIANO
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