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La lucha contra la despoblación es uno de los grandes desafíos de la Comunitat Valenciana. Durante años hemos escuchado promesas, estrategias y planes que, en demasiadas ocasiones, han quedado en buenas intenciones. Sin embargo, quienes conocemos el territorio sabemos que la solución no pasa únicamente por incentivar que la gente se quede en los pueblos, como un eslogan romántico, sino por garantizar que vivir en ellos sea una opción con las mismas oportunidades que hacerlo en una gran ciudad.
Como fundador y director de El Periódico de Aquí, he recorrido durante años decenas de municipios valencianos, grandes y pequeños, y he podido comprobar que nuestros pueblos no piden privilegios. Reclaman igualdad de oportunidades.
El primer gran reto es la movilidad. No podemos hablar de fijar población si una persona tarda horas en acudir a su puesto de trabajo, a la universidad o a realizar cualquier gestión. La Comunitat Valenciana necesita una apuesta decidida por un transporte público moderno, eficiente y adaptado a la realidad del siglo XXI. Es imprescindible mejorar las conexiones entre los municipios del interior y las principales áreas económicas y de servicios. Una red comarcal del interior a la costa, especialmente por tren y bus.
En la provincia de Alicante, las comunicaciones deben facilitar el acceso a ciudades como Alicante y Elche. En la provincia de Valencia resulta esencial conectar adecuadamente con Valencia, Torrent, Gandia y Sagunt. En Castellón, la capital debe ejercer como verdadero eje vertebrador del territorio. No todos los desplazamientos requieren grandes infraestructuras ferroviarias; en muchos casos bastaría con líneas de autobús rápidas, coordinadas y con horarios pensados para trabajadores, estudiantes y personas mayores.
Otro pilar irrenunciable es la conectividad digital. Hoy una buena conexión a internet es tan importante como disponer de agua potable o electricidad. El teletrabajo, la formación online, el comercio electrónico y la digitalización empresarial solo son posibles con redes de alta capacidad. Cualquier municipio, por pequeño que sea, debe contar con una conexión de calidad que permita desarrollar proyectos empresariales y atraer nuevos residentes. En una sociedad cada vez más digital, la fibra óptica y las redes de última generación son herramientas contra la despoblación.
Pero hay dos servicios que marcan la diferencia entre que una familia decida quedarse o marcharse: la educación y la sanidad. Mantener abiertos los centros escolares es invertir en el futuro de nuestros pueblos. Cada colegio que cierra supone un paso más hacia el abandono. Lo mismo ocurre con los centros de salud, que deben ofrecer una atención cercana y de calidad, evitando que el lugar de residencia determine el acceso a los servicios sanitarios.
Junto a ello, resulta fundamental reforzar la atención a las emergencias sanitarias mediante una red estratégica de bases para helicópteros medicalizados. En muchos municipios del interior, cada minuto puede ser decisivo ante un infarto, un ictus o un accidente grave. Contar con infraestructuras que permitan trasladar con rapidez a los pacientes hasta los hospitales de referencia puede salvar vidas y ofrecer tranquilidad a quienes eligen vivir lejos de las grandes ciudades.
Porque esa es otra realidad que conviene recordar: en nuestros pueblos se vive mejor. Hay una mayor calidad de vida, más tranquilidad, un entorno natural privilegiado, relaciones vecinales más cercanas y un patrimonio histórico, cultural y paisajístico excepcional. La despoblación no puede abordarse únicamente desde una perspectiva económica; también debemos poner en valor el bienestar que ofrece el medio rural y generar las condiciones para que más personas puedan disfrutarlo sin renunciar a oportunidades laborales, educativas o sanitarias.
En este contexto, el turismo también debe desempeñar un papel importante, aunque desde una perspectiva diferente. La Comunitat Valenciana necesita seguir apostando por un turismo de proximidad y sostenible, capaz de generar riqueza durante todo el año y de distribuirla por todo el territorio. Nuestros pueblos poseen una enorme oferta gastronómica, cultural, natural y patrimonial que merece ser descubierta por los propios valencianos y por quienes nos visitan.
Del mismo modo, debemos reforzar la cultura de comprar en el comercio de proximidad. Cada compra realizada en una tienda local ayuda a mantener empleo, actividad económica y vida en nuestros municipios. El pequeño comercio no solo vende productos; crea comunidad, genera relaciones humanas y mantiene vivas las calles de nuestros pueblos y ciudades. Apostar por él es apostar por el futuro de nuestro territorio. En este sentido, cada etiqueta cuenta. Estemos atentos al origen de los productos, a las denominaciones de origen, del vino al arroz, pasando por cada cosa que consumimos. Pensemos en la calidad y en el beneficio para nuestro entorno y nuestros agricultores. Unos céntimos de ahorro nos salen, en realidad, carísimos.
Precisamente con ese objetivo de descubrir, valorar y disfrutar de lo que tenemos cerca, recomiendo la lectura de Quédate Aquí 2026, la guía que acaba de editar El Periódico de Aquí. Es una invitación a recorrer la Comunitat Valenciana desde la cercanía, poniendo el foco en destinos, experiencias y propuestas que demuestran que no hace falta irse lejos para encontrar lugares extraordinarios.
Combatir la despoblación exige una estrategia integral y sostenida en el tiempo. No basta con subvenciones puntuales ni con titulares llamativos. Hace falta planificación, inversiones y una verdadera voluntad política para equilibrar el territorio. Transporte público eficaz, internet de alta velocidad, educación, sanidad, emergencias bien coordinadas, apoyo al turismo sostenible y al comercio de proximidad constituyen la hoja de ruta para que nuestros pueblos sigan teniendo futuro.
Porque mantener vivos nuestros municipios no es únicamente una cuestión demográfica. Es preservar nuestra historia, nuestra identidad y una forma de entender la vida que constituye una de las mayores riquezas de la Comunitat Valenciana.