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El misil de la detención de Maduro por Estados Unidos impacta en el Gobierno de España

La estrecha colaboración de Zapatero con el régimen chavista, otro frente para el PSOE

PERE VALENCIANO
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una fotografía de archivo. EFE/ Miguel Gutiérrez
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en una fotografía de archivo. EFE/ Miguel Gutiérrez

La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos no es solo el colapso definitivo del régimen narcosdictatorial chavista; es también una bomba de relojería política para España. Y especialmente para el socialismo español, que durante años ha mantenido con Caracas una relación tan opaca como incómoda.

En el centro de esa relación aparece de forma recurrente José Luis Rodríguez Zapatero. Su papel como mediador “internacional” en Venezuela fue presentado como una labor altruista de paz y diálogo, pero siempre estuvo rodeado de sospechas. Reuniones discretas, elogios públicos al proceso bolivariano y una defensa obstinada del entendimiento con un régimen acusado de violaciones masivas de derechos humanos han alimentado la duda: ¿fue solo diplomacia o hubo algo más? Con Maduro detenido y sus estructuras de poder bajo investigación, la posibilidad de que afloren detalles incómodos ya no es una hipótesis conspirativa, sino un riesgo real. 

El problema se agrava si se amplía el foco a otros dirigentes socialistas. El caso del encarcelado José Luis Ábalos vuelve a resonar con fuerza. Su nombre quedó ligado para siempre al episodio de la llegada a España de Delcy Rodríguez, cuando aterrizó en Barajas pese a tener prohibida la entrada en territorio europeo. Aquel encuentro nocturno, explicado con versiones cambiantes y lagunas evidentes, sigue siendo uno de los capítulos más turbios de la política reciente.

Si las investigaciones estadounidenses sobre el entramado chavista avanzan, el verdadero peligro para el PSOE no es solo político, sino judicial y reputacional. La detención de Maduro puede abrir la puerta a testimonios, documentos y flujos financieros que expliquen con detalle cómo se movía el poder venezolano en Europa y quiénes eran sus interlocutores privilegiados. Y ahí España aparece demasiado a menudo en el mapa. Presumiblemente Zapatero y Ábalos no eran los únicos.

Para Pedro Sánchez, el escenario es explosivo. No solo por la herencia recibida, sino porque cualquier revelación sobre Zapatero, Ábalos o el episodio de Delcy Rodríguez golpeará directamente al relato moral del socialismo español, que nunca respaldó a la oposición venezolana ni siquiera cuando demostró que Maduro y su régimen habían perdido las últimas elecciones. 

Venezuela necesita pasar página del chavismo y recuperar una democracia plena donde quepan todos los venezolanos y puedan regresar los millones de exiliados.

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