Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
La gota fría ya está aquí. O la DANA, como se denomina ahora técnicamente. Pero quienes llevamos décadas viviendo en la Comunitat Valenciana sabemos perfectamente de qué hablamos: lluvias torrenciales, tormentas eléctricas, barrancos que crecen en cuestión de minutos, calles convertidas en ríos y carreteras donde conducir se convierte en una auténtica temeridad.
Y conviene tener memoria. En los últimos cincuenta años, los valencianos hemos vivido numerosos episodios de gota fría durante los meses de otoño. No es un fenómeno nuevo ni desconocido. Ha ocurrido muchas veces y volverá a ocurrir. Precisamente por eso resulta incomprensible que todavía existan tantos problemas recurrentes cuando llegan lluvias intensas.
Colectores insuficientes, desagües que no pueden absorber semejante cantidad de agua, alcantarillado colapsado, pasos inferiores inundados, barrancos que necesitan un mantenimiento permanente y urbanizaciones levantadas durante décadas en zonas especialmente sensibles.
Cada vez que cae una tromba importante reaparecen imágenes demasiado conocidas: bajos anegados, coches atrapados, comercios intentando salvar mercancía y vecinos mirando cómo el agua vuelve a entrar donde ya había entrado otras veces.
Y después está la carretera. Quien haya conducido alguna vez por una autovía valenciana en mitad de una tormenta eléctrica sabe lo que significa. Cortinas de agua que hacen prácticamente imposible ver el vehículo de delante, coches que reducen drásticamente la velocidad, otros que directamente se detienen, relámpagos constantes y balsas de agua que aparecen sin apenas margen de reacción. Recuerdo un día regresando de Xàtiva a Valencia en el que pasé muchísimo miedo u otro volviendo de Valencia a Moncada por el Camino de Moncada donde todo era una piscina, campos y carretera, donde solo se veía agua.
Cuando las autoridades recomiendan evitar desplazamientos, no es una frase burocrática. En determinados momentos lo más prudente es sencillamente no coger el coche. Y si la tormenta nos sorprende conduciendo, toca extremar las precauciones, aumentar muchísimo la distancia de seguridad y evitar cualquier maniobra innecesaria. Y si es necesario, parar.
Pero también debemos exigir memoria a nuestras administraciones.
Porque después de cada gran episodio escuchamos las mismas promesas: ampliar colectores, mejorar drenajes, limpiar barrancos, corregir puntos negros, reforzar infraestructuras hidráulicas y revisar zonas inundables. En el caso de la trágica DANA del 29 de octubre de 2024 quedaron en evidencia las vergüenzas del sistema, que no había ejecutado numerosas obras preventivas proyectadas, amén de los errores humanos.
Pero siempre sucede lo mismo. Tras la tempestad, llega la calma y el sol. Y muchas veces también el olvido.
La DANA que golpeó Valencia debería habernos enseñado definitivamente que la prevención no puede empezar cuando AEMET activa una alerta. Debe hacerse durante todo el año. Cuando no llueve. Cuando los barrancos están secos y cuando nadie habla de inundaciones.
Ayuntamientos, Generalitat, Gobierno de España y Confederación Hidrográfica deben trabajar de manera coordinada, cada uno dentro de sus competencias. Las riadas no preguntan quién gobierna en Madrid, quién gobierna en Valencia o qué partido tiene la alcaldía.
Y los ciudadanos también tenemos nuestra responsabilidad.
Nada de acercarse a barrancos para grabar vídeos. Nada de intentar atravesar con el coche una zona inundada. Nada de pensar que “por ahí he pasado siempre”. El agua manda mucho más de lo que creemos y unos pocos centímetros pueden bastar para perder el control de un vehículo.
Ahora toca prevenir. Toca recordar. VALENCIANOS, mucha precaución siempre.