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Pan judicial y circo futbolístico

Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.

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Los romanos repartían pan y organizaban espectáculos para mantener entretenida a la plebe. Dos mil años después, España ha perfeccionado la fórmula. Hoy disfrutamos de pan judicial y circo futbolístico, una combinación que mantiene a las audiencias pegadas a la pantalla mientras la realidad se transforma en un gigantesco espectáculo retransmitido en directo.

El Mundial de fútbol, emitido por La 1 de TVE y financiado por todos los contribuyentes, ofrece cada día la gran competición global. Pero el balón ya no monopoliza la pasión colectiva. Las televisiones han descubierto que la política puede generar la misma emoción que un partido a vida o muerte. Basta con cambiar el césped por un plató y los árbitros por tertulianos.

Desde primera hora de la mañana hasta la madrugada se disputa una liga paralela. Los Desayunos, Espejo Público, En Boca de Todos, El Programa de Ana Rosa, Directo al Grano, Todo es Mentira, Más Vale Tarde, Código 10, Horizonte y las tertulias del fin de semana compiten por liderar la clasificación de la indignación. Cada programa tiene su parroquia, sus colores y sus delanteros estrella. La política ya no se analiza: se anima.

La antigua televisión del corazón ni siquiera ha desaparecido. Simplemente se ha mudado de decorado. Lo que ayer era Sálvame hoy es debate político. Donde antes había romances, ahora hay sumarios; donde había exclusivas sentimentales, hoy aparecen audios, informes y filtraciones. El formato sigue siendo idéntico: conflicto, escándalo, bandos enfrentados y espectadores deseando que alguien marque un gol decisivo.

Mientras tanto, la justicia se ha convertido en una competición por jornadas. Cada auto judicial es celebrado como un tanto en el descuento. Cada declaración se analiza como un penalti revisado por el VAR. Los famosos “61 del Gobierno”, la oposición, los jueces y los comentaristas participan en una interminable retransmisión donde la audiencia ya no distingue entre información y entretenimiento.

Lo más llamativo es que las dos grandes orillas mediáticas comparten el mismo defecto. Ambas denuncian la viga en el ojo ajeno mientras ignoran el tablón que les impide ver el propio. Unos encuentran escándalos en cada movimiento del Gobierno; otros convierten cualquier crítica en una conspiración. Todos se proclaman guardianes de la verdad mientras alimentan un negocio basado en la polarización.

Y así transcurre la España de hoy: entre goles, sumarios y tertulias. Convencida de que sigue la actualidad cuando, quizás, solo está consumiendo espectáculo. Porque el verdadero Mundial no siempre se juega en los estadios. A veces se disputa cada día en los platós de televisión.

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Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.
PERE VALENCIANO
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