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Estos días hemos asistido al cambio de opinión y posicionamiento de numerosos líderes del Partido Socialista con respecto a la amnistía y la injerencia política en las causas judiciales. Hemos visto lo que podría considerarse el fin de la separación de poderes. Y, lo más grave, el regalo de una amnistía a quienes pecan de soberbia, en lugar de la imprescindible humildad, perdón y arrepentimiento que deben ser previos a dicha medida de gracia. No comparto esta amnistía, como tampoco que incluya el perdón a quienes malversaron aquellos días de consulta irregular con dinero público y a quienes quemaron las calles, aquellos cachorros de los CDR.
Tampoco se puede premiar a los independentistas catalanes con quitas económicas o el traspaso de Cercanías, entre otros regalos que trasladan al común de los mortales españoles que quien amenaza, escupe, quema o echa un pulso, no sólo no tiene condena, sino que acaba resultando premiado.
Y ahora, un mensaje para el PSOE, sus dirigentes y militantes, cargos orgánicos y públicos: un único partido no puede decidir con sus afiliados por el conjunto de ciudadanos de este país. Decisiones como las que estamos leyendo y escuchando respecto a un acuerdo de gobierno basadas en la cesión al chantaje de los independentistas sólo pueden tomarse por la soberanía popular, por un referéndum o por una repetición electoral que, por otra parte, está más cerca de producirse en caso de que Pedro Sánchez no sea investido Presidente del Gobierno entre el 27 y 29 de noviembre, en cuyo caso la vuelta a las urnas sería el 14 de enero de 2024.
De verdad, mucho cuidado. Hemos visto en las dos últimas décadas desaparecer de Italia, Francia y Grecia a los históricos Partidos Socialistas. No os podéis confiar. Los votantes del PSOE en España no se reducen a Pedro Sánchez ni a sus militantes. Pensar sólo en clave electoral puede ser pan para hoy y hambre -desaparición- para mañana.