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El turismo no es el problema, es una de las grandes soluciones y oportunidades para la Comunitat Valenciana

Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.

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Cada verano reaparece el mismo debate. Se cuestiona el turismo, se habla de masificación, de molestias o de saturación, y da la sensación de que una de las principales fuentes de prosperidad de la Comunitat Valenciana se ha convertido para algunos en el enemigo a batir. Se pretende introducir una tasa turística, incluso.

Es un error.

El turismo no es un problema. El problema es no saber gestionarlo. Porque, bien planificado, constituye uno de los motores económicos más potentes que tenemos y una oportunidad que muy pocos territorios del mundo poseen con la intensidad de la Comunitat Valenciana.

Basta pasear por la ciudad de Valencia durante julio y agosto para comprobarlo. Mientras buena parte de los vecinos del cap i casal disfruta de sus vacaciones fuera de la ciudad, miles y miles de visitantes llenan hoteles, apartamentos, restaurantes, cafeterías, terrazas, comercios, supermercados, centros comerciales, museos y espacios culturales. Esa actividad genera empleo, mantiene abiertos cientos de negocios y permite que miles de familias puedan vivir dignamente.

Detrás de cada turista hay camareros, cocineros, recepcionistas, personal de limpieza, taxistas, conductores, guías turísticos, dependientes, repartidores, trabajadores de supermercados, empresas de mantenimiento, agricultores, pescadores y proveedores. Hay una inmensa cadena económica que mueve riqueza y que, además, beneficia especialmente a jóvenes que encuentran en el verano su primera oportunidad laboral.

Por eso sorprende escuchar discursos que demonizan el turismo como si fuera una actividad perjudicial por naturaleza. Nadie discute que existan problemas puntuales de convivencia, acceso a la vivienda o presión sobre determinados espacios. Pero esas cuestiones deben resolverse con planificación, regulación e inversión, no atacando al sector que genera miles de millones de euros y decenas de miles de puestos de trabajo.

La Comunitat Valenciana dispone de un potencial extraordinario. Tenemos playas, gastronomía, patrimonio histórico, fiestas únicas, espacios naturales, clima privilegiado, deporte, cultura y una calidad de vida que muchos europeos buscan durante todo el año. Renunciar a esa ventaja competitiva sería un auténtico disparate.

Ahora bien, el gran reto consiste en repartir mejor esa riqueza.

No podemos conformarnos con que el turismo se concentre únicamente en los destinos tradicionales. Valencia debe seguir ejerciendo como gran puerta de entrada internacional, pero ese flujo de visitantes debe irradiarse hacia el conjunto del territorio. Lo mismo ocurre con Alicante, Elche, Castelló, Torrent o Gandia, auténticos polos de atracción que pueden convertirse en motores para las comarcas de su entorno.

Y, por supuesto, debemos seguir potenciando destinos consolidados como Peñíscola, Dénia, Xàbia y tantos municipios del litoral que llevan décadas demostrando que el turismo es compatible con la calidad de vida cuando existe una buena planificación.

Pero tampoco debemos olvidar el interior. Cada visitante que llega a nuestras costas puede descubrir pueblos con encanto, parques naturales, bodegas, castillos, rutas senderistas, gastronomía tradicional o fiestas populares. Ahí reside una enorme oportunidad para combatir la despoblación y generar nuevas economías en muchas comarcas que necesitan actividad durante todo el año.

La Comunitat Valenciana no debe pedir perdón por ser un destino turístico de referencia. Al contrario. Debe sentirse orgullosa de haber construido una industria que genera empleo, inversión y oportunidades.

Lo que necesitamos no es menos turismo, sino un turismo de mayor calidad, mejor distribuido, más sostenible y capaz de beneficiar al conjunto del territorio. Apostar por un visitante que permanezca más tiempo, consuma más producto local, conozca el patrimonio y viaje también al interior.

Defender el turismo no significa cerrar los ojos ante sus desafíos. Significa comprender que la solución pasa por gestionarlo mejor y no por combatirlo.

Porque cada terraza llena, cada hotel con ocupación elevada, cada restaurante que amplía plantilla o cada comercio que incrementa sus ventas representa salarios, impuestos, inversión y futuro.

Uno de los argumentos más repetidos para señalar al turismo como culpable de la crisis de la vivienda tampoco resiste un análisis serio. Es mucho más cómodo responsabilizar a los visitantes que reconocer décadas de políticas públicas insuficientes. El verdadero problema es que durante años los distintos gobiernos no han impulsado un parque suficiente de vivienda de protección oficial ni han planificado una oferta capaz de responder al crecimiento de la demanda. El turismo puede influir en determinados mercados muy concretos, pero convertirlo en el principal responsable supone desviar la atención del auténtico fracaso de quienes tenían la obligación de garantizar el acceso a una vivienda asequible. Si hoy faltan viviendas para miles de jóvenes y familias, la responsabilidad recae, sobre todo, en unas administraciones que han llegado tarde y mal a uno de los mayores desafíos sociales de nuestro tiempo.

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Pere Valenciano, director de El Periódico de Aquí.
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