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Cada septiembre parece repetirse la misma historia: se terminan las vacaciones y vuelven los horarios, el trabajo, los madrugones y las responsabilidades. Y con ellos, para muchas personas, aparece el famoso “bajón postvacacional”.
Hasta cierto punto, es normal. Después de unas semanas con más tiempo libre, menos obligaciones y más espacio para el descanso y el ocio, necesitamos un pequeño periodo de adaptación. Pero quizá también deberíamos hacernos otra pregunta: ¿lo que nos cuesta es volver a la rutina o volver a la vida que tenemos durante el resto del año?
Cuando estamos satisfechos con nuestro día a día, hay cosas de la rutina que incluso podemos echar de menos: volver a nuestros horarios, entrenar, recuperar hábitos, reencontrarnos con determinadas personas o retomar proyectos.
El problema aparece cuando vivimos todo el año esperando al viernes, al próximo puente o a las vacaciones para sentir que, por fin, podemos disfrutar.
A veces llenamos nuestra rutina de obligaciones y dejamos todo aquello que nos hace bien para “cuando tengamos tiempo”. Trabajar, hacer la compra, cumplir con todo… y, si sobra tiempo, quedar con amigos, ir al cine, hacer deporte, descansar o pasar tiempo con nuestra pareja. Pero normalmente ese tiempo no sobra.
Por eso, volver a la rutina también puede ser una oportunidad para revisar cómo estamos viviendo. Si algo nos hace bien, tenemos que intentar hacerle espacio también en nuestro día a día. No necesitamos esperar al verano para quedar más con nuestros amigos, hacer planes, descansar o disfrutar de nuestras aficiones. Eso es vivir con plenitud, disfrutar del día a día, y no esperar a unas vacaciones para ser feliz...
Evidentemente, ninguna rutina va a ser perfecta. Todos tenemos obligaciones, días de cansancio y cosas que no nos apetece hacer. El objetivo no es disfrutar de absolutamente todo, sino construir un día a día en el que también haya espacio para nosotros. No se trata de necesitar más vacaciones, sino de crear una vida de la que no necesitemos escapar constantemente.
Que nos encante irnos de vacaciones, sí. Pero también tener motivos para querer volver.
Que nuestra vida, nuestro día a día, nos haga realmente felices.