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Que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva… Eso cantábamos en mi infancia y en la de mi madre, y no sé si lo seguirán cantando ahora, aunque seguro que si saliera en un Tik Tok con una coreografía vistosa seguro que se convertiría en el no va más. Y si no, al tiempo.
Per la cuestión es que entonces y ahora implorábamos a la lluvia. Como hacían los indios con su danza de la lluvia, según el estereotipo que tantas veces hemos visto en westerns. Porque la lluvia, aunque nunca parece venir bien, siempre es necesaria.
Es verdad que nos hemos acostumbrado tanto a escuchar eso de la “pertinaz sequía” que ya no nos afecta, Nos entra por un oído y nos sale por otro, si es que entra. Pero no es ninguna tontería. Y de muestra un botón, que estamos contradiciendo al muy sabio refranero que siempre decía que, en abril, aguas mil. Ahora más bien sería que en este abril puñetero, cero pelotero. Porque eso es lo que hay.
También dice el refranero que “nunca llueve a gusto de todos” y tiene razón. Ya lo comentaba antes, la lluvia nunca parece venir bien. No queríamos que lloviera en Fallas -máxime cuando las anteriores no nos dejaron guardar el paraguas ni un momento- por las fiestas, ni en Semana Santa por las procesiones y el turismo playero. Nos quejamos de que llueva si hemos tendido la ropa o hemos lavado el coche porque nos estropea los planes, Pero ya es momento de pensar más allá. Porque pocos planes podremos llevar a cabo si la sequía se empeña en seguir igual de pertinaz. O más.
No puedo afirmar que esta sequía se deba al cambio climático. No tengo conocimientos suficientes. Pero si no es así, lo parece. No hay más que escuchar a cualquier persona de cierta edad comparar el clima que había vivido siempre y el que vive ahora. Y, por supuesto, echar un vistazo a las temperaturas que se han sido registrando a lo largo del tiempo desde que se hacen tales registros.
No sé si hay que danzar a la lluvia como los indios de las películas, poner velitas, sacar a los santos en procesión o hacer sortilegios varios. Pero algo hay que hacer. O, al menos, que no hacer. No se lo pongamos más difícil al medio ambiente y tengámosle todo el respeto posible, no solo de palabra sino también con nuestros hechos. Todo cuenta.