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Decía en 1986 Vicente Morales en una canción del disco Bienaventuranzas de Brotes de Olivo estas palabras:
“Los que lloran (Brotes de olivo).
Quiero lagrimas prestadas para seguir llorando.
Quiero lagrimas prestadas para seguir llorando el dolor del olvidado, la crudeza del que es rico.
Lloro el llanto de los otros, a mis ojos los nubla la angustia del hombre.
Sirve mi llanto de manantial que riega la tierra reseca del hombre.
Quiero lagrimas prestadas para seguir llorando el hedor de la cloaca, los terrores de la noche.
Mi llanto es como lagrima en tierra extraña, que sufre como madre que pare de sus entrañas”.
Hoy todos hemos tenido lágrimas, todos hemos tenido palabras cargadas de buenos sentimientos, de tristeza de sensibilidad… hoy es un día de tristes sentimientos para todos.
Es el día de las lágrimas prestadas para seguir llorando. Aunque ante tanto dolor y tanta angustia, cabe una pregunta en en lo más profundo de nuestra mente, ¿qué es lo que no estamos haciendo bien?
Cuando lo que no es normal, lo normalizamos, cuando no dedicamos nuestro tiempo a lo que tenemos que dedicarlo y la insensibilidad se apodera de nuestro ser, nos cuesta reaccionar ante lo que el día a día nos presenta.
Nosotros somos los de las lágrimas prestadas, las víctimas del accidente del tren, son las lágrimas más amargas. Cuando la muerte abraza tantas vidas y de una forma tan cruel es cuando nos toca de cerca los sentimientos.
Vamos a pasar unos días muy cargados de noticias, si nos ponemos en la piel de aquellos que están esperando al familiar o han recibido la triste noticia sabremos valorar la vida, la amistad, la alegría, el compartir junto a la soledad y la tristeza de ese ser perdido, arrebatado en un trágico accidente. Ellos quedarán con su dolor y el resto poco a poco iremos olvidando.
El bien común son dos palabras que nunca debemos perder de vista y nosotros, todos, tenemos la obligación de buscarlo. Son palabras muchas veces olvidadas y que deben ser él sustento de una sociedad.
“Lloro el llanto de los otros, a mis ojos los nubla la angustia del hombre”,
Hoy es ese día… y pensar que la causa de ese llanto es que hay algo que ya hace tiempo no estamos haciendo bien.
Descansen en paz los difuntos y que nuestra oración sea el acompañamiento silencioso para todos, que nuestro olvido no sea una nota frecuente, suplantado por nuevas y desafiantes noticias y nuestra exigencia de que el bien común se mantenga en la más absoluta radicalidad ¿qué hemos hecho mal? La pregunta queda suspendida en el silencio.
Hay que discernir siempre entre el bien y el mal. Cuando el mal toma nombre como el de la tragedia de la magnitud que estamos viviendo, no resulta fácil admitirlo o vivirlo.
Descansad en paz respetuosos viajeros que se trunco la llegada a vuestro destino, uen ese tren cuya parada final fue la eternidad y recibid nuestros mejores deseos para que los heridos tengan una pronta recuperación física y sentimental. Ese llanto no es prestado.
A Urda y a esos vecinos pueblos solidarios gracias y ánimo, junto a las más afectadas condolencias con las víctimas y sus familiares.