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Quién sabe...

Omar Ruiz

(Presidente de Sanidad del Sindicato CSIF en la Comunitat Valenciana)

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Hoy ha sido uno de esos días en los que me he levantado con la sensación de haber pasado la noche en un lugar que, aunque parecía un sueño, se asemejaba demasiado a la realidad.

Un sueño que me ha mantenido inquieto y preocupado durante horas.

En él, me veía como representante de los trabajadores y las trabajadoras de la sanidad de la Comunidad Valenciana. Y, de repente, volvía a estar en plena pandemia de covid-19.

Volvíamos a aquellos días de incertidumbre, miedo y desconcierto. Días en los que nuestros profesionales sanitarios se enfrentaban a algo desconocido, de una magnitud inimaginable, sin los equipos mínimos de protección y en unas condiciones que hoy, con la perspectiva del tiempo, cuesta incluso imaginar.

Y allí estaban ellos. Los mismos compañeros y compañeras que, pese al miedo, al cansancio y a la falta de medios, trabajaban sin descanso para atender a quienes lo necesitaban y evitar, en la medida de lo posible, el mayor número de muertes.

Pero el sueño no terminaba ahí.

Más tarde, me encontraba en medio de una dana, rodeado de muchos de aquellos mismos profesionales. Y volvía a aparecer la misma sensación: desconcierto, falta de protocolos, ausencia de medios y profesionales obligados, una vez más, a responder ante una situación extraordinaria sin contar con todas las herramientas necesarias para hacerlo.

Y entonces entendí que aquello no era solo un sueño.

Porque, durante toda la noche, tenía la sensación de estar viendo repetirse una historia que ya conocíamos.

La sensación de que, una vez más, la Administración dejaba a los profesionales en un segundo plano mientras las prioridades se centraban en cumplir promesas. Promesas de esas que, demasiado a menudo, terminan escritas sobre un papel que el tiempo acaba dejando mojado.

Hasta que, de repente, me vi sentado en una mesa de negociación.

Delante de mí, representantes de la Administración.

Y yo, junto a mis compañeros y compañeras de la representación sindical, defendiendo aquello que tantas veces hemos defendido: la dignidad de nuestros profesionales, unas condiciones laborales dignas, recursos suficientes, plantillas adecuadas y un sistema sanitario capaz de responder a las necesidades de quienes trabajan en él y de la ciudadanía a la que sirve.

Hablábamos.

Argumentábamos.

Proponíamos soluciones.

Pero, al otro lado de la mesa, nuestras palabras parecían perderse.

Las propuestas de mejora se desdibujaban en sus miradas.

Como si las soluciones reales fueran siempre demasiado incómodas.

Como si reconocer el esfuerzo de quienes sostienen nuestro sistema sanitario fuese una cuestión secundaria.

Como si hablar de profesionales fuese hablar únicamente de números.

Y fue entonces cuando ocurrió algo que me inquietó especialmente.

En aquel sueño, la mala gestión del sistema sanitario empezaba a abrir la puerta a fórmulas cada vez más próximas a un modelo privado.

Un modelo en el que, poco a poco, aquello que debería ser un derecho podía terminar convirtiéndose en un privilegio.

Y pensé en algo que debería preocuparnos a todos:

¿Qué ocurre cuando dejamos de cuidar a quienes cuidan de nosotros?

¿Qué ocurre cuando los profesionales dejan de sentirse reconocidos, escuchados y protegidos?

¿Qué ocurre cuando la falta de planificación, de recursos y de voluntad para afrontar los problemas termina debilitando un sistema sanitario que debería ser uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad?

Me desperté.

Y durante unos segundos tuve la sensación de que todo había sido únicamente un sueño.

Pero quizá por eso me ha inquietado tanto.

Porque hay sueños que no son simplemente sueños.

Hay sueños que son el reflejo de nuestros miedos, de nuestras preocupaciones y, también, de aquello que sabemos que puede suceder si no hacemos nada para evitarlo.

Porque quizá aquel sueño no era realmente un sueño. Quizá era, simplemente, la realidad que vivimos cada día quienes tenemos la responsabilidad de representar a quienes trabajan en nuestra sanidad: escuchar sus problemas, defender sus derechos y alzar la voz cuando otros prefieren guardar silencio. Porque detrás de cada reivindicación, de cada negociación y de cada conflicto, hay personas que esperan que alguien no se quede dormido cuando más necesitan que esté despierto.

Y quizá por eso sigo pensando que aquel sueño tenía demasiado de realidad. Porque mientras haya trabajadores que necesiten ser escuchados y derechos que defender, habrá quienes sigamos al otro lado de la mesa, dando la batalla por ellos.

Quién sabe.

Quizás estamos despiertos cuando más dormidos creemos estar.

Sobre el autor

Omar Ruiz
OMAR RUIZ

Presidente de Sanidad del Sindicato CSIF en la Comunitat Valenciana

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