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Durante años he entrado en esta joya arquitectónica de la historia eclesiástica valenciana. El padre Vicente Esteve, amigo personal de mi padre fue varios años cura párroco de la Iglesia de San Juan del Mercado, pues también se la conoce con ese denominativo, y mis tres hermanas pequeñas contrajeron matrimonio envueltas en el calor de esas paredes repletas de historia.
Aún recuerdo ver esos frescos ennegrecidos, los apóstoles sentados en nubes a punto de estallar por una tormenta pues esta Iglesia fue pasto de las llamas en los primeros días de la cruenta Guerra Civil, y en el año 2010 acompañé a mi hermana Carolina quien, desgraciadamente, era todavía una mujer muy joven cuando respondió a la llamada de Cristo Rey, a organizar uno de los actos más importantes de su vida, unir su vida en matrimonio al hombre de quien solo la separó la muerte.
Los Santos Juanes, en sus inicios, se remonta a una antigua mezquita convertida en ermita y, es una clara muestra de arquitectura gótica. Una parroquia con una estructura paradigmática de la arquitectura valenciana de la época, una gran nave plena de capillas en los contrafuertes.
No decirlo sería injusto, he sido la niña mimada de la Iglesia en Valencia, en otro orden de cosas el buen sacerdote es el amigo constante, quien nunca falla y está dispuesto a solventar cualquier duda o a dirigirte por el camino correcto. Esta iglesia ha culminado recientemente su restauración con la recuperación de los frescos del gran pintor Palomino, que trabajó en Valencia entre 1697 y 1700. Un día, hablando de esa gran y prolongada obra con el padre Jaime Sancho Andreu, canónigo jubilado de la catedral de Valencia, le hice saber de mi ilusión por conocer las obras realizadas en ese brillante templo valenciano. Llamamos al padre Gonzalo Albero, cura párroco de la Real Parroquia de Los Santos Juanes, e inmediatamente nos hizo saber de su deseo de nuestra presencia a su lado.
Ambos son un regalo del secano más valenciano, fueron curas del pueblo donde nació mi madre. El lazo por amor a la historia y a Dios forjó a fuego lento una amistad indestructible. Al entrar en el recinto salió a recibirnos el padre Aquilino, vicario de esta hermosa obra, a quien sonrío respondiendo a su saludo pues me faltan ojos para observar el trabajo realizado y empieza un viaje inolvidable.
D. Jaime comienza explicándome que en el templo donde nos encontramos predicó San Vicente Ferrer. Además, en el año 1592 un incendio obligó a reparar el presbiterio, obra dirigida por el patriarca de Antioquía, san Juan de Ribera. Poco a poco va adquiriendo una fuerte fisonomía barroca, nombres como Juan Miguel Orliens, el dorador Luis Campos… dejaron allí su sello.
Al alzar la vista los colores alegran mi ángulo de visión, mientras mi querido Gonzalo me anima a recrearme en la obra de Antonio Palomino perfectamente restaurada. Gozo como una loca esos frescos los cuales representan “La Gloria”, “La Santísima Trinidad” …
Los trabajos de restauración y rehabilitación de esta Iglesia declarada Monumento Histórico Nacional en el año 1947 son consecuencia de poder volver a gozar su esplendor. Podemos recrearnos en su belleza y realeza, no en vano adquiere esa titulación en el año 1858 por decreto de la reina Isabel II.
¡Real Parroquia de los Santos Juanes!
El proyecto de rehabilitación arquitectónica y decorativa ha supuesto una recuperación patrimonial de alto nivel. Hoy, realmente, me siento sultana de la Huerta Valenciana, como me llaman algunos amigos conocedores de la historia de la tierra, quienes han hecho ese mote incluso viral. Entre dos sacerdotes muy importantes en mi vida D. Jaime Sancho, mi padre espiritual y mi querido amigo Gonzalo Albero, de quien me siento tan orgullosa pues ha sido un trabajador voraz, gozando de la visión de la fachada norte del edificio, la cual conserva su estructura original gótica. La funcionalidad de las gárgolas originales pues estas hacen visible la larga historia de este templo, la recuperación de esos ventanales ojivales, esos elementos escultóricos y populares de alto interés…
Por supuesto, desde estas letras deseo enviar mi más sincera enhorabuena a Hortensia Herrero, Carlos Campos, Pilar Roig y ¿cómo no? A mi buen amigo Gonzalo Albero, pues jamás se ha rendido y al lado del padre Aquilino, además de un gran equipo de colaboradores, ha conseguido para Valencia poder gozar:
¡Los Santos Juanes!