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De Reino de Valencia a Comunitat Valenciana: ¿por qué llevamos casi 800 años llamándonos valencianos?

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De Reino de Valencia a Comunitat Valenciana ¿por qué llevamos casi 800 años llamándonos valencianos./ P.TERCERO
De Reino de Valencia a Comunitat Valenciana ¿por qué llevamos casi 800 años llamándonos valencianos./ P.TERCERO

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Mucho antes de que existieran las actuales provincias de Castellón, Valencia y Alicante, los habitantes del antiguo Reino de Valencia ya compartían un nombre: valencianos. Desde la creación del reino por Jaime I en el siglo XIII hasta la aprobación del Estatuto de Autonomía en 1982, nuestro territorio ha experimentado importantes transformaciones políticas y administrativas, pero el gentilicio valenciano ha sobrevivido a todas ellas. La abolición de los fueros en 1707, la efímera división de 1822 en cuatro provincias —incluida una con capital en Xàtiva—, la reorganización de 1833 y la posterior utilización de denominaciones como Región Valenciana, País Valenciano y Comunidad Valenciana explican cómo hemos llegado hasta nuestros días. Un recorrido histórico que permite comprender por qué un castellonense, un alicantino o un vecino de cualquier municipio valenciano también es valenciano y que plantea una reflexión sobre la conveniencia de recuperar el nombre de Valencia para el conjunto del territorio, diferenciándolo de su capital, Valencia, cap i casal.
Una historia de casi ocho siglos que muchos valencianos desconocen
¿Desde cuándo somos valencianos? ¿Cuándo empezamos a llamarnos así? ¿Era valenciano un habitante de Morella, Castellón, Alcoy, Orihuela o Alicante hace quinientos años? ¿Cuándo nacieron las provincias? ¿Por qué pasamos de llamarnos Reino de Valencia a Región Valenciana, País Valenciano y finalmente Comunidad Valenciana? ¿Y por qué el nombre Valencia, que durante siglos identificó a todo un territorio, ha quedado asociado fundamentalmente a su capital y a una de las tres provincias?
Estas preguntas resultan especialmente oportunas con motivo del 9 d'Octubre, la festividad de todos los valencianos, que conmemora la entrada de Jaime I en Valencia en 1238. No se trata únicamente de una cuestión lingüística, histórica o administrativa, sino también de entender quiénes somos, de dónde venimos y cómo se ha construido una identidad colectiva que ha conseguido sobrevivir a guerras, cambios de dinastía, reformas territoriales, dictaduras y transformaciones democráticas.
La primera cuestión que conviene aclarar es que el Reino de Valencia no se correspondía únicamente con la actual provincia de Valencia, ni mucho menos con la ciudad que le daba nombre. Se trataba de un territorio histórico con instituciones y leyes propias, integrado en la Corona de Aragón y con una identidad política diferenciada que se desarrolló a lo largo de varios siglos.
Por tanto, cuando hablamos de valencianos en la Edad Media o durante la Edad Moderna, no estamos refiriéndonos exclusivamente a quienes vivían en la capital, sino también a los habitantes del conjunto del reino, aunque naturalmente coexistían otras identidades y gentilicios locales.
Esta distinción resulta fundamental para entender una historia que empieza en el siglo XIII, mucho antes de que alguien pudiera identificarse administrativamente como ciudadano de una provincia de Castellón o de Alicante en el sentido contemporáneo de estos términos.
1238: Jaime I conquista Valencia y nace un nuevo reino
El 9 de octubre de 1238, Jaime I entró en la ciudad de Valencia tras la capitulación de la Valencia musulmana. Aquella fecha marcaría el comienzo de una profunda transformación política, social, religiosa y cultural del territorio.
La incorporación de Valencia a los dominios de Jaime I no significó simplemente una ampliación territorial de Aragón o Cataluña. El monarca impulsó la constitución de un reino diferenciado, con un marco jurídico propio que encontraría su expresión en los Furs de València.
La conquista y organización del reino se desarrollaron durante varias décadas. La ciudad de Valencia fue el centro político del nuevo territorio, pero su jurisdicción se extendió progresivamente sobre muchas otras poblaciones, configurándose así una entidad política dentro de la Corona de Aragón.
Durante los siglos siguientes, el reino desarrolló instituciones propias, entre ellas las Corts Valencianes, y organismos que serían antecedentes de la Generalitat Valenciana. Sus habitantes no compartían una identidad nacional en el sentido contemporáneo del término, pero sí fueron desarrollando vínculos políticos, jurídicos y territoriales asociados a la pertenencia al reino.
La propia denominación Reino de Valencia constituye una prueba de la importancia que adquirió el nombre de la capital para identificar al conjunto del territorio. Algo parecido sucedía con otros reinos históricos, cuyo nombre no se limitaba a una ciudad concreta.
Así, Valencia designaba simultáneamente una ciudad y una entidad territorial más amplia. Su capital ejercía de centro administrativo y político, pero el reino tenía vida propia, con sus ciudades, villas, comarcas, señoríos y particularidades.
¿Cuándo comenzaron sus habitantes a llamarse valencianos?
El gentilicio valenciano es anterior a la conquista cristiana de Jaime I como denominación vinculada a la ciudad de Valencia. Sin embargo, su utilización para identificar colectivamente a los habitantes del nuevo reino fue desarrollándose a partir del siglo XIII y consolidándose durante los siglos posteriores.
En la documentación medieval encontramos diferentes fórmulas para referirse a los habitantes del territorio, incluidas expresiones latinas equivalentes a habitantes del Reino de Valencia. A medida que sus instituciones se consolidaban y aumentaban las relaciones entre sus poblaciones, también se fortalecía la identificación colectiva como valencianos.
En el siglo XIV, esa denominación estaba ya extendida en el ámbito político e institucional, aunque esto no significa que todos los habitantes del reino la utilizaran de manera exclusiva o que hubieran desaparecido otras formas de identificación.
Un vecino de Morella podía sentirse morellano; uno de Castellón, castellonense; uno de Xàtiva, setabense o xativí; y uno de Orihuela, oriolano. Pero todos podían compartir, además, su pertenencia al Reino de Valencia.
La cuestión resulta especialmente interesante porque demuestra que las identidades locales y territoriales no son incompatibles. Ser valenciano nunca ha exigido renunciar a ser castellonense, alicantino, saguntino, alcoyano o dianense.
Durante siglos, la palabra valenciano tuvo, por tanto, al menos dos significados territoriales relacionados entre sí: el habitante de la ciudad de Valencia y el habitante del Reino de Valencia. A esos significados se sumaba el nombre de la lengua propia del territorio.
La coincidencia entre la denominación de la capital, la del reino y el gentilicio general no era una anomalía, sino una consecuencia de la organización política de aquella época.
Castellón y Alicante también eran Valencia
Para comprender el alcance del concepto histórico de valenciano conviene trasladarse a poblaciones que hoy identificamos principalmente con las provincias de Castellón y Alicante.
Morella, Vinaròs, Vila-real, Borriana, Castellón, Sagunto, Gandia, Xàtiva, Alcoi, Dénia, Alicante, Elche u Orihuela poseen trayectorias históricas y culturales diversas, pero buena parte de su historia se desarrolló dentro de una misma entidad territorial: el Reino de Valencia.
No todas estas poblaciones pasaron a formar parte del reino al mismo tiempo. Las conquistas, tratados y modificaciones de fronteras fueron configurando el territorio progresivamente, especialmente durante los siglos XIII y XIV. Algunos territorios meridionales, por ejemplo, tuvieron una trayectoria política distinta antes de incorporarse al reino.
Pero, una vez integrados, compartieron un mismo marco territorial general, aunque con diferentes particularidades jurisdiccionales, sociales y lingüísticas.
Es importante recordarlo porque hoy solemos contemplar el mapa valenciano como si las tres provincias hubieran existido siempre. No fue así. La provincia moderna constituye una creación administrativa muy posterior a la del reino y no puede proyectarse sin matices sobre toda su historia.
Un castellonense del siglo XVI no pertenecía a la provincia de Castellón que conocemos hoy, porque aquella provincia todavía no existía con sus actuales características. Un habitante de Alicante podía identificarse por su ciudad, su gobernación y su pertenencia al Reino de Valencia.
La provincia acabó convirtiéndose en una referencia habitual para la administración y para la identidad territorial, pero la condición de valenciano es históricamente mucho más antigua.
1707: Felipe V elimina los fueros, pero no desaparece el nombre de Reino de Valencia
Uno de los acontecimientos que más profundamente transformaron la historia valenciana fue la Guerra de Sucesión española.
Tras la batalla de Almansa, librada el 25 de abril de 1707, Felipe V promulgó el decreto de Nueva Planta de 29 de junio de ese mismo año, que abolió los fueros y las principales instituciones políticas y jurídicas propias de los reinos de Valencia y Aragón.
Aquella decisión supuso la desaparición del régimen institucional valenciano que se había desarrollado durante siglos y su sustitución por estructuras administrativas y jurídicas vinculadas al modelo de la monarquía borbónica.
La pérdida de las instituciones propias tuvo consecuencias profundas para el derecho, la justicia, el gobierno del territorio y la posición de la lengua valenciana en la administración.
Sin embargo, conviene introducir una precisión histórica: la abolición de los fueros en 1707 no significó que dejara de utilizarse inmediatamente la denominación Reino de Valencia.
El nombre continuó existiendo como referencia territorial durante el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, aunque el reino había perdido su anterior personalidad institucional y jurídica diferenciada.
Por tanto, es necesario distinguir entre el final de las instituciones forales, que se produjo en 1707, y la desaparición de la antigua unidad territorial como referencia administrativa general, proceso culminado con las reformas provinciales del siglo XIX.
Los habitantes del territorio, mientras tanto, continuaron siendo conocidos como valencianos. Un decreto podía modificar las instituciones, pero no eliminar de un plumazo varios siglos de historia compartida.
1822: cuando Xàtiva también fue capital de provincia
Una de las páginas menos conocidas de nuestra historia es la existencia de una cuarta provincia valenciana con capital en Xàtiva.
La mayoría de los ciudadanos conoce la división territorial de Castellón, Valencia y Alicante, pero resulta mucho menos sabido que durante el Trienio Liberal se aprobó una organización provincial diferente.
El 27 de enero de 1822 se estableció una nueva división territorial de España que contemplaba cuatro provincias en el espacio del antiguo Reino de Valencia: Castellón, Valencia, Alicante y Játiva, actualmente Xàtiva.
La decisión respondía a los intentos del liberalismo español de modernizar la administración, aproximar los órganos del Estado a los ciudadanos y organizar territorialmente el país con criterios distintos de los que habían caracterizado al Antiguo Régimen.
Xàtiva, que había desempeñado un papel muy relevante en la historia del reino, recuperaba así protagonismo administrativo como capital provincial.
Aquella experiencia, sin embargo, fue muy breve. La restauración del absolutismo de Fernando VII en 1823 puso fin a las reformas del Trienio Liberal y dejó sin efecto la división provincial.
La provincia de Xàtiva desapareció y no volvió a recuperarse cuando, una década más tarde, se estableció la organización territorial que continúa siendo la base del sistema provincial español.
Este episodio demuestra que la distribución administrativa del territorio valenciano no era algo inevitable ni estaba predeterminada por la historia. Las provincias respondieron a decisiones políticas y organizativas concretas, y pudieron haber adquirido una configuración diferente. 
1833: nacen las tres provincias que conocemos hoy
La fecha decisiva para comprender nuestro mapa administrativo es el 30 de noviembre de 1833, cuando se aprobó la división provincial impulsada por Javier de Burgos durante la regencia de María Cristina.
La reforma reorganizó España en 49 provincias y dividió el antiguo Reino de Valencia en tres: Castellón, Valencia y Alicante.
Desaparecía así Xàtiva como capital provincial y quedaba establecida la estructura básica que ha perdurado hasta nuestros días, aunque posteriormente se produjeron modificaciones de límites.
La división provincial respondía a una nueva concepción de la organización del Estado, que buscaba disponer de unidades territoriales administrativas más manejables y facilitar la gestión de los servicios públicos y del gobierno.
Cada provincia tenía su capital y sus autoridades, y paulatinamente se fueron consolidando las diputaciones provinciales como instituciones relevantes en la administración del territorio.
Desde entonces, las provincias fueron ganando protagonismo y aparecieron nuevas formas de identificación territorial que se superponían a las anteriores.
Castellón reforzó su papel como capital provincial y Alicante consolidó una posición administrativa propia dentro del nuevo sistema, mientras Valencia mantuvo su condición de capital de provincia y su relevancia histórica como principal ciudad del antiguo reino.
No obstante, la división de 1833 tampoco fue completamente inmutable. En 1836 se realizaron cambios que afectaron a las provincias valencianas, especialmente en la delimitación de Alicante y Valencia y en la incorporación de municipios procedentes de provincias limítrofes.
Lo verdaderamente importante es que la reforma de 1833 no creó la identidad valenciana, sino una nueva organización territorial sobre una realidad histórica mucho más antigua.
Las provincias tienen cerca de doscientos años de historia en su configuración moderna. El Reino de Valencia había nacido aproximadamente seis siglos antes. 
Del Reino de Valencia a la Región Valenciana: el siglo XIX transforma la identidad territorial
Con la desaparición del reino como unidad administrativa general, el nombre de Región Valenciana fue adquiriendo una presencia creciente durante los siglos XIX y XX.
España mantuvo durante buena parte de este periodo una organización política fundamentalmente provincial, aunque las regiones históricas siguieron utilizándose como referencias geográficas, culturales, económicas y políticas.
De esta manera, las provincias de Castellón, Valencia y Alicante continuaron identificándose conjuntamente con el antiguo espacio valenciano, aunque ya no existía un reino con instituciones propias que lo administrara.
La denominación Región Valenciana permitía referirse a ese conjunto territorial sin necesidad de recuperar las instituciones del Antiguo Régimen.
Pero el término Reino de Valencia no desapareció de la memoria colectiva. Continuó utilizándose en obras históricas, referencias culturales, publicaciones y reivindicaciones relacionadas con el pasado valenciano.
A finales del siglo XIX y durante el siglo XX, el valencianismo cultural y político también contribuyó a mantener viva la idea de una identidad común de los habitantes de las tres provincias.
Las diferencias entre castellonenses, valencianos de la provincia central y alicantinos no impedían reconocer la existencia de una historia compartida, aunque las distintas propuestas regionalistas y valencianistas no siempre coincidieran sobre su alcance político o cultural.
¿Cuándo comienza a utilizarse País Valenciano?
La denominación País Valenciano tiene antecedentes históricos anteriores al siglo XX, pero fue durante esta centuria cuando adquirió una mayor difusión cultural y política, especialmente en determinados sectores del valencianismo.
Su utilización se vinculó a distintas corrientes intelectuales y políticas que pretendían definir el territorio valenciano desde una perspectiva moderna, en lugar de recurrir exclusivamente a su antigua condición de reino.
Durante la Segunda República y, especialmente, en las décadas posteriores, el término apareció en iniciativas culturales, publicaciones y organizaciones políticas.
Sin embargo, sería durante los últimos años del franquismo y la Transición democrática cuando la cuestión del nombre adquirió una dimensión especialmente conflictiva.
Unos sectores defendían País Valenciano como denominación territorial, mientras otros preferían Reino de Valencia o Región Valenciana, con argumentos históricos, políticos y culturales diferentes.
Conviene evitar simplificaciones: ni todos los defensores de País Valenciano compartían el mismo proyecto político, ni quienes utilizaban Reino de Valencia o Región Valenciana tenían necesariamente posiciones idénticas.
La discusión sobre el nombre acabó convirtiéndose en una de las principales controversias de la Transición valenciana, junto con los debates sobre los símbolos, la lengua y el modelo de autogobierno.
En 1978, durante la etapa preautonómica, se constituyó el Consell del País Valenciano, una institución que antecedió a la recuperación de la Generalitat democrática.
La existencia de aquel organismo demuestra que País Valenciano no fue únicamente una denominación utilizada en ambientes culturales, sino también una expresión institucional durante el periodo preautonómico.
1982: nace oficialmente la Comunidad Valenciana
La aprobación del Estatuto de Autonomía mediante la Ley Orgánica 5/1982, de 1 de julio, supuso otro momento decisivo de nuestra historia.
Después de casi tres siglos sin las instituciones de autogobierno abolidas en 1707, los valencianos recuperaban una estructura política propia dentro del Estado autonómico establecido por la Constitución de 1978.
El nombre elegido fue Comunidad Valenciana, una fórmula de consenso político que buscaba integrar distintas sensibilidades respecto a la denominación del territorio.
El propio Estatuto reconocía expresamente el origen histórico del pueblo valenciano en el Reino de Valencia y recogía, en su preámbulo, la confluencia entre aquella tradición histórica y la concepción moderna del País Valenciano.
Es decir, la propia norma que establecía la denominación Comunidad Valenciana reconocía la existencia de las denominaciones anteriores.
La reforma estatutaria aprobada en 2006 consolidó la forma oficial Comunitat Valenciana y reconoció expresamente a nuestro territorio como nacionalidad histórica.
Actualmente, el artículo primero del Estatuto establece que el pueblo valenciano, históricamente organizado como Reino de Valencia, se constituye en comunidad autónoma con la denominación de Comunitat Valenciana.
El artículo segundo concreta que su territorio comprende los municipios integrados en las provincias de Alicante, Castellón y Valencia.
Por tanto, la continuidad histórica está expresamente reconocida por nuestro propio ordenamiento jurídico. No estamos ante una interpretación sentimental del pasado, sino ante una referencia recogida en la norma institucional básica de nuestro autogobierno. 
¿Son valencianos los alicantinos y los castellonenses? La historia y el Estatuto dicen que sí
La respuesta es inequívoca desde el punto de vista histórico y jurídico.
El término valenciano no identifica únicamente a los habitantes de la ciudad de Valencia ni exclusivamente a los residentes en su provincia. También designa a los habitantes del conjunto de la Comunitat Valenciana.
El Estatuto de Autonomía reconoce la condición política de valencianos a los ciudadanos españoles que tengan vecindad administrativa en cualquiera de los municipios de nuestra comunidad autónoma, con las demás previsiones que establece su artículo tercero.
Por tanto, un vecino de Benicarló, Vila-real, Burriana, Almassora, Castellón, Sagunto, Paterna, Torrent, Gandia, Xàtiva, Alcoi, Elche, Orihuela o Alicante es valenciano en el sentido jurídico general, con independencia de su gentilicio local o provincial.
Naturalmente, esto no significa que todos los ciudadanos utilicen las mismas formas de identificación personal. Existen personas que se reconocen principalmente como alicantinas, castellonenses o habitantes de su municipio, del mismo modo que otras dan mayor importancia a su identidad valenciana o española.
Las identidades son múltiples y pueden convivir.
Lo que resulta históricamente incorrecto es afirmar que el concepto valenciano nació para referirse exclusivamente a los habitantes de la actual provincia de Valencia y que después se extendió artificialmente al resto del territorio.
La evolución fue mucho más compleja y, en buena medida, ocurrió al revés: primero existió el Reino de Valencia como entidad territorial y después aparecieron las provincias modernas.
La denominación colectiva valenciana es, por tanto, muy anterior a la actual organización provincial.
Valencia: una palabra para la ciudad, el reino y sus habitantes
Llegamos así a una de las cuestiones más interesantes de nuestra historia: el nombre Valencia.
Durante siglos, Valencia designó simultáneamente una ciudad, un reino y, como raíz del gentilicio valenciano, a sus habitantes.
El nombre de la capital acabó identificando al conjunto del territorio, algo que tiene paralelismos con otras realidades históricas españolas y europeas.
Sin embargo, con la desaparición de la antigua organización territorial y la creación de las provincias, el nombre Valencia quedó vinculado administrativamente a la capital y a una de las tres provincias.
El conjunto del territorio pasó a denominarse habitualmente Región Valenciana y, posteriormente, Comunidad Valenciana, sin que desapareciera el gentilicio común.
De esta evolución surge una particularidad que merece atención: tenemos un nombre histórico que identificaba al territorio completo, pero la denominación oficial contemporánea utiliza el sustantivo comunidad acompañado del adjetivo valenciana.
Esto no significa que la palabra Comunidad carezca de sentido jurídico. Forma parte del sistema territorial establecido por la Constitución y existen numerosas comunidades autónomas cuya denominación oficial contiene ese término.
Pero también es cierto que el modelo autonómico español admite nombres históricos y geográficos como Andalucía, Aragón, Asturias, Cataluña, Galicia, Navarra o Extremadura.
Desde esa perspectiva, resulta legítimo plantear un debate cultural e histórico sobre la conveniencia de recuperar la denominación Valencia para el conjunto del territorio, diferenciando de manera expresa la ciudad que ejerce como capital.
¿Por qué no llamar Valencia a todo el territorio y Ciudad de Valencia a la capital?
La propuesta puede parecer novedosa para algunos lectores, pero parte de una realidad histórica: durante siglos existió un Reino de Valencia que abarcaba mucho más que su capital.
Si la palabra Valencia designó un territorio político completo, ¿por qué no recuperar su utilización territorial sin necesidad de añadir el sustantivo comunidad?
De ese modo, podríamos hablar de Valencia para el conjunto de nuestro territorio y de Ciudad de Valencia o Valencia, cap i casal, para referirnos específicamente a la capital.
No sería una fórmula completamente ajena a otros lugares del mundo, donde se distingue entre el nombre de un territorio y el de su principal ciudad mediante expresiones complementarias.
Naturalmente, cualquier propuesta de modificación de la denominación oficial tendría que contar con el correspondiente consenso político y social y tramitarse mediante los procedimientos legales establecidos, incluida una reforma del Estatuto de Autonomía.
También debería abordar una cuestión que no puede ignorarse: para una parte de los ciudadanos de Castellón y Alicante, la palabra Valencia se identifica hoy principalmente con la capital o con la provincia central. Recuperarla como denominación general exigiría explicar con claridad su significado histórico y evitar que se interpretara como una reducción de la diversidad territorial.
Pero precisamente por eso convendría recuperar el conocimiento de nuestra historia común y recordar que la identidad valenciana no pertenece en exclusiva a ninguna ciudad ni a ninguna provincia.
Valencia fue el nombre de un reino antes de que existieran las provincias modernas. Y valencianos fueron sus habitantes, mucho antes de que el territorio se denominara Comunidad Valenciana.
La historia valenciana no comienza en 1982 ni en 1833
Los debates sobre identidad y denominaciones territoriales suelen desarrollarse desde posiciones políticas contemporáneas, pero la historia obliga a mirar mucho más atrás.
La Comunitat Valenciana no apareció de la nada con el Estatuto de 1982, del mismo modo que las provincias de Castellón y Alicante no representan el origen de las poblaciones y sociedades que hoy integran su territorio.
El nacimiento del Reino de Valencia en el siglo XIII, la consolidación de sus instituciones medievales, las transformaciones políticas de los siglos posteriores, la abolición de los fueros en 1707, las reformas provinciales del XIX y la recuperación del autogobierno en 1982 forman parte de una misma trayectoria histórica.
Se trata de acontecimientos diferentes, pero conectados por la evolución de un territorio y de sus habitantes.
El nombre valencianos sobrevivió a todos esos cambios, adaptándose a realidades políticas, lingüísticas y sociales muy distintas.
Y esa continuidad constituye uno de los elementos más relevantes de nuestra historia colectiva.
Por eso, cuando hablamos del 9 d'Octubre, no deberíamos limitarnos a la conmemoración de la conquista de una ciudad, sino recordar también el origen del proceso histórico que acabaría configurando el antiguo Reino de Valencia y una identidad territorial común.
Una historia en la que Castellón, Valencia y Alicante tienen pleno protagonismo, sin que ninguna de esas provincias pueda apropiarse en exclusiva de una herencia compartida.
Una reflexión final: somos valencianos desde mucho antes de llamarnos Comunitat Valenciana
Quizás una de las consecuencias más negativas del desconocimiento histórico es que terminamos considerando naturales e inmutables denominaciones administrativas que apenas tienen unas décadas o un par de siglos de existencia.
Nos acostumbramos a hablar de provincias como si hubieran existido siempre, olvidando que la división provincial actual tiene su origen principal en 1833 y que antes hubo un reino con una trayectoria institucional mucho más larga.
Del mismo modo, asumimos que Comunidad Valenciana es la denominación histórica de nuestro territorio, cuando en realidad responde a una decisión política adoptada en 1982 y reformulada estatutariamente en 2006.
Ello no resta legitimidad a la denominación vigente, pero debería ayudarnos a comprender que nuestra historia es bastante más antigua que nuestras estructuras administrativas actuales.
A mi juicio, merece la pena abrir una reflexión serena sobre el nombre de nuestro territorio, sin complejos, sin imposiciones y sin convertir cada debate histórico en una batalla entre partidos.
No se trata de enfrentar Castellón con Valencia, ni Alicante con Castellón, ni de excluir a quienes prefieren otras denominaciones históricas. Se trata de comprender que la palabra Valencia tuvo durante siglos un significado territorial mucho más amplio que el que habitualmente le atribuimos hoy.
Podemos llamarnos Comunitat Valenciana, País Valenciano, Región Valenciana o reivindicar la recuperación del nombre Valencia como denominación del conjunto, pero no deberíamos olvidar de dónde procede nuestra identidad histórica.
Personalmente, considero que la denominación Valencia, diferenciada de la Ciudad de Valencia, cap i casal, merecería al menos una reflexión colectiva desde el conocimiento de nuestra historia.
Porque las provincias son una forma de organización administrativa y los estatutos pueden reformarse, pero la historia no comienza con las leyes que aprobamos en cada momento.
Y porque, al final, existe una realidad que ninguna reforma provincial ni ningún cambio de denominación ha conseguido borrar: antes de que existieran las provincias de Castellón, Valencia y Alicante, ya había valencianos. Y casi ocho siglos después, seguimos siéndolo.

Documentación histórica de referencia: Estatuto de Autonomía de 1982 y su reforma de 2006, publicados en el BOE; estudios sobre la división provincial de 1822 y la reforma territorial de Javier de Burgos de 1833

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