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La religión, patrimonio indisoluble de la humanidad

Mari Paz Escrig

(Psicoanalista)

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No hace falta ser creyente para reconocer la función ordenadora de la religión y su papel transmisor de la tradición. Para Freud, los preceptos y mandamientos religiosos no proceden de una revelación divina, son producciones humanas con una función psíquica y cultural (El porvenir de una ilusión). Me los imagino como diques para contener la pulsión. Para Freud, la cultura sólo puede sostenerse al precio de una renuncia pulsional; de ella nacen las prohibiciones y el sentimiento de culpa.

España ha sido tradicionalmente católica durante siglos; la atmósfera cultural estaba impregnada de una brújula compartida sobre el "bien" y el "mal". Incluso el Papa, en su discurso ante el Parlamento, rescataba la Escuela de Salamanca del siglo XVI: una matriz teológica que bajó a la arena jurídica para legislar la incertidumbre de la primera globalización, mostrando cómo la religión puso las primeras leyes para ordenar el caos del "Nuevo Mundo".

Hoy ese marco parecería evaporarse y asistimos a un cierto desamparo. Parte de los jóvenes, habita una intemperie psíquica. No hay freno exterior. La sociedad y nosotros les hemos arrojado una carga insoportable: "La brújula eres tú mismo; tú elijes tus valores". La angustia de la libertad absoluta los deja solos ante sus impulsos, sin el paradójico alivio de tener un límite en el que apoyarse. Al avance del laicismo a expensas de la cultura cristiana, no le ha correspondido un referente capaz de ocupar ese lugar, salvo ciertas ideologías que, en nombre de la razón, pueden resultar mucho más brutales…

La evolución de la cultura exige, como he mencionado, un pacto doloroso: la renuncia pulsional. Cuando todo se consiente, el ser humano no encuentra la felicidad, sino un empacho de satisfacción. ¿Qué ocurre con esa energía psíquica? Freud, en Duelo y melancolía, nos dice que, en la melancolía, la pulsión puede dirigirse contra el propio yo. Lo vemos en síntomas frecuentes entre adolescentes, como la anorexia o las autolesiones: manifestaciones de esa fuerza destructiva que, al no encontrar límites afuera, se devora hacia adentro. Al final, detrás de cada ley está el intento de frenar los deseos más primarios: el incesto, el asesinato y el canibalismo.

Quizá este análisis parezca pesimista. Lo escribí antes de la llegada del Papa a España. Me ha sorprendido ver que no toda la juventud está tan desorientada.

El Papa, León XIV, logró reunir a un millón y medio de personas, en su gran mayoría jóvenes, buscando reconectarse con esa dimensión sagrada y trascendental. ¿Qué artista, político o líder actual reúne hoy a un millón y medio de personas en una ciudad?

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Mari Paz Escrig
PAZ ESCRIG

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