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Susana Gisbert. /EPDA
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No sé cuándo lo decidieron, pero esta semana saltaba a las redes. La RAE había dado marcha atrás en su decisión de desterrar la tilde diacrítica de adverbio “solo”. Se trataba de ese acento que diferenciaba el adverbio del adjetivo, y quienes pertenecemos a determinadas generaciones seguro que recordamos como nos metían esa tilde a fuego, so pena de suspenso por faltas de ortografía. Eso sí, había un truquito: cuando “solo” podía ser sustituido por “solamente” llevaba acento, y no lo llevaba cuando no era así.

Y de pronto, tras años con la tilde interiorizada, la Real Academia se descolgó eliminándola de nuestras vidas, de nuestros escritos y, lo que es peor, de nuestros correctores. Y no es que no hacía falta ponerla, es que no había que ponerla. Juro que me he visto en el brete de tener que quitarla porque instintivamente salía de mi bolígrafo o mi teclado.

No quedaba otra que pasar por el aro o convertirse en insumiso lingüístico, además de poner verde a la RAE, claro. Pero eso no es tan sencillo, aunque ahora sean legión quienes afirman que no desterraron la tilde de su vida ni de sus escritos.

Supongo que, si eres un escritor o escritora con fama y lectores suficientes como para permitirte ciertas cosas, podrías hacerlo. Pero si eres una simple mortal, sometida a las reglas de corrección lingüística de la Real Academia, no está tan claro. Y nada claro si lo que pretendes en publicar en una editorial que, por necesidad y conveniencia, pasa por el filtro de una corrección. Y así, me vi en el caso de que, a pesar de tanto yo como mi correctora añorábamos la tilde y no queríamos despedirla, nos vimos obligadas a ello. Muy a nuestro pesar.

Ahora, de repente, más de una década después, la RAE recula y devuelve la tilde a “solo” y a nuestras vidas, aunque no lo haga del todo. Y resulta que quienes escribimos y publicamos con su dichosa regla, contaremos en nuestro haber con una o varias publicaciones con faltas de ortografía que entonces no lo eran y que, además, cometimos en contra de nuestra voluntad. Como si fuera fácil sacar a la luz un libro como para tener que corregirlo, como sugieren quienes no tienen ni idea de los que están hablando.

Así que ya ves, estos señores -con alguna señora, pero pocas- empingorotados que un día decidieron desoír a la gente, ahora reculan. Aunque tampoco lo hacen del todo, que solo - ¿o sólo? - se usará la tilde cuando haya ambigüedad, ahí queda eso. Para ambigüedad, la suya.

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Susana Gisbert
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