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Algo así debieron de pensar millones de españoles hartos desoportar una Dictadura. Y no tanto por los males que esta pudiera haber causadocasi cuarenta años durante la guerra civil, sino por el hecho de llevar todosesos años sin poder elegir en las urnas lo que de verdad querían para sufuturo. Aunque sólo sea por eso, nada menos que por eso, siempre tendremos queagradecer el logro conseguido a todos los actores de la cada vez más venerada,al menos para mí, Transición Española. Oyendo hablar de ella desde que tengouso de razón, jamás la había apreciado tanto como en los últimos años, estos enlos que de verdad tengo conciencia de la tomadura de pelo constante yperfectamente diseñada a la que estamos sometidos por una limitada casta decínicos vividores.
La segunda Transición acaba de empezar, laprimera acabó con la crisis económica y social que se llevó por delante, haceahora diez años, todos los logros conseguidos por la primera. Esa crisis tieneque habernos servido a todos para darnos cuenta de quienes son los verdaderosresponsables de habernos conducido hasta ella y ver con claridad que esosmismos culpables siguen siendo los mismos que conducen el destino de este país,absolutamente convencidos de que, superado el drama, nos vamos a olvidar deello. Estamos, quizás, ante la última gran oportunidad de demostrarnos que noestamos dormidos ni aborregados.
No voy a ser yo quien niegue que la situación económicadel país empiece a mejorar, ni tampoco quien no sea capaz de reconocer queparte del mérito corresponde al actual equipo de Gobierno a nivel nacional. Estanto el daño que hizo el anterior, que ya se sabe aquello de “en el país delos ciegos, el tuerto es el rey”. Pero esta diatriba no debería ser el bálsamode fierabrás que calme a las fieras, y eso es precisamente lo que intentan y yome rebelo.
El partido popular de Mariano Rajoy no estálegitimado para seguir gestionando el futuro de este país por más tiempo. Nisiquiera incluso aunque el propio Presidente nada tuviera que ver en caso decorrupción alguno de los cientos que salpican su partido, algo muy discutible ypoco creíble. Eso sería como reconocer que a lo largo y ancho de nuestra insuperablegeografía no hay grupo alguno de personas capaz de hacer las cosas mejor de loque hasta el momento se han hecho. Y eso tampoco es creíble. A las pruebas meremito. Son los empresarios de este país, con la necesaria colaboración de losmillones de trabajadores, los que están haciendo que remonte la economía. Y sonlos políticos, con la impresentable colaboración de todos los partidos, los queconsiguen que cada vez esté más encendido y exacerbado el ambiente social deeste país. Es evidente que nos sobra esta clase política, o esta casta, comoustedes lo prefieran. Díganme para que sirven. Se repite, de nuevo, mi mejorfrase: “España funciona a pesar de sus políticos”.
Tampoco considero que el principal partido de laoposición y formación política con más años en la historia reciente de España,esté en condiciones de dirigir nada. Lo primero que deben hacer es tomarse untiempo de relax y aclararse entre ellos. No sólo han abandonado la E de Españolhace mucho tiempo, discutiendo entre ellos la plurinacionalidad de este país,al que no sé si consideran una Nación o una Federación de naciones, sino quehace ya también años que dejaron caer la O de obrero, al mismo tiempo que sealejaban también de la S de socialista cual movimiento de serpiente, unas veceshacia la abstención a favor de Rajoy y otras, como esta misma semana, hacia ungobierno bipartito con los chicos de Podemos en Castilla-La Mancha. Unpsiquiatra aquí habría pedido la baja.
Nos quedan los dos inventos de laboratorio. Esosdos partidos políticos que algunos lumbreras decidieron parir cual Frankensteinenloquecido, queriendo poner en marcha el doble juego del disimulo sobre supropia inocencia acerca del nacimiento de la crisis que ellos mismos diseñaronpara arruinar la vida de tantos españoles, y dando a entender su fuerza paraconseguir asustar a los dos de siempre. Hoy padecemos el resultado todos losespañoles, ocho millones que votaron a ambos tremendamente engañados y elresto, todos los demás, alucinados con la jugada.
Soy un convencido de que hay ocho millones deespañoles, como mínimo, en busca de partido político en el que creer, con elque volver a ilusionarse. Me resulta de lo más sencillo descifrar la ecuaciónque se dio hace ahora algo más de dos años, donde cinco millones de cabreadosvotaron por un tal Pablo Iglesias porque de él esperaban que llevara a cabotodas las barbaridades que proclamaba ante las cámaras, simple y llanamenteporque no les daba la gana volver a votar a unos socialistas acomplejados yacomodados. Y otro tres que hicieron lo mismo con Ciudadanos, para ver si asíespabilaban sus idolatrados miembros del partido popular y dejaban paso a unanueva era de políticos limpios. Ocho millones de huérfanos democráticos.
Esos ocho millones de españoles, más algunos másque ven al PP incapaz de dar carpetazo a su pasado y al PSOE incapaz deenderezar su futuro, nos merecemos una nueva oportunidad. Nos merecemos poderescribir el nuevo capítulo de nuestra historia reciente, la que está por venir.Y este es el momento. ¿Por qué?, porque no estamos superando ninguna crisisexistencial que nos obligue a tomar decisiones precipitadas, Podemos yCiudadanos. Y porque es el momento de apostarle fuerte al destino con unajugada triple: hay que recuperar el espíritu de centro que tanta gloria le dioa este país hace cuarenta años; es el momento de hacerle ver a los dos grandespartidos de siempre que tienen que regresar a sus cuarteles de invierno,rehacer sus equipos con mucha calma, dándose el tiempo necesario para limpiarsebien por dentro; y porque España necesita que nazca una formación políticanueva, demostrando que no todo está escrito ni sigue el guion de los generalesde la manipulación y el control.
Negarnos la posibilidad de que esto vuelva apasar sería injusto para todos. Para los mayores que quieren vivir en pazdespués de tantos años de esfuerzo sin ver como se ponen en riesgo de maneraconstante e insultante las pensiones que den estabilidad a su vida. Los quetodavía estamos en mitad de nuestra vida porque nos merecemos algo mejor quetodo lo visto en los últimos años. Y los más jóvenes, porque seríaresponsabilidad nuestra no hacer nada por legarles una sociedad menoscorrompida y programada que la actual.
Necesitamos dar vida a un partido político quesea capaz de volver a ilusionar a muchos millones de españoles que saben que lademocracia es la menos mala de las fórmulas conocidas, pero ven como la actualestá en la uvi. Un partido que nazca desde abajo, en cada pueblo, formado porgente dispuesta a emplear años de su vida en intentar mejorar lo que ve a sualrededor. Que pueda contar con todo el mundo desde el principio y que nadiesienta ese temor a formar parte de una lista política, sino al contrario, queles haga sentirse orgullosos.
Es difícil, muy difícil, pero ¿Quién dijo que unproyecto tan bonito iba a resultar fácil?. Eso sólo sucede en las películas. Yesto es mucho más serio. Aquí estamos hablando de participar en la realizacióny diseño de nuestra propia película, la que nos queda por vivir. Aplaudo puesla iniciativa que ya se ha puesto en marcha. Y la aplaudo porque siguiéndolacomo lo estoy haciendo desde su reciente nacimiento, veo cómo crece cada día. Yveo como un proyecto que quiso nacer en una Comunidad Autónoma hace tan solotres meses, ya está en más de la mitad de todas las 17 que completan esta grannación. Y veo como esta semana se está apunto de tocar ya los primeros 1.000afiliados y se cuenta ya con 70 agrupaciones repartidas por toda España. Unaformación política nueva, valiente y atrevida, nacida en cada pueblo, que crecehacia arriba y que el 2 de septiembre sentará sus primeras bases con lacelebración de su escuela de verano en Benidorm. Una escuela que quiso serhumilde previendo que asistieran sobre 100 personas y que vio como ese cupo secubrió en menos de una semana. Hay muchas ganas de crear algo nuevo.
Ojalá estemos ante ese necesario embrión quenadie intente parar. Hay demasiados intereses en juego, demasiado asientoocupado y sueldo paniaguado como para pensar que nadie le va a ponerzancadillas a tanta ilusión. No es preocupante eso, sino que aquellos quecontrolan los hilos de poder mediático y que por tanto son generadores deinfluencia entre los ciudadanos, decidan darle a algo que nace desde abajo ycrece hacia arriba, las mismas oportunidades que a los demás. Queremos estarCONTIGO, porque sin ti nada de esto tendría sentido alguno.