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Tengo una amiga a la que le gustan las frikadas. Y sabe que yo también me pirro por comentar cosas extravagantes o curiosas que ocurren por esos mundos. Me hablaba la semana pasada de la escultura invisible que fue el tema de mi artículo en estas páginas, y esta semana no me ha defraudado con su aportación al mundo de lo insólito. Y me trae nada más y nada menos que un vídeo de un tipo -chino, como no- que se dedica a volver toda la comida transparente.
El video que he visto es de un pastel, pero me dice mi amiga que lo hace con cualquier alimento. Así que cualquier día lo veremos volviendo transparente una paella -incluso una con pimiento, de esas con las que en el extranjero les gusta ponernos a prueba a los valencianos- o una tortilla de patata, con o sin cebolla.
La cuestión es que a mí estas cosas me dan por pensar. Por un lado, me hace recordar algo que decía mi abuelo, según me repetía siempre mi madre: hay que ver lo que la gente trabaja por no trabajar. Y no le faltaba razón, desde luego.
Por otra parte, me hace reflexionar sobre qué pasaría si la ocurrencia de nuestro amigo chino se extendiera, y a la gente le diera por volver todo transparente. Y no me refiero solo a la comida, que me parece lo de menos, sino a cualquier circunstancia de la vida. Y, especialmente, de la política y nos negocios.
Por descontado, lo primero que ocurriría es que la gente que nos dedicamos a la Administración de Justicia tendríamos bastante menos trabajo, y no estaríamos todo el día en el candelero -o el candelabro, como dijo aquella famosilla de medio pelo-, y así podríamos dedicarnos a los asuntos nuestros de cada día, que buena falta nos hace.
Pero, sobre todo, conseguiríamos algo mucho más importante. Si se impusiera la transparencia frente a la opacidad reinante en muchos ámbitos, otro gallo nos cantara. Y no nos encontraríamos con las sorpresas que día sí y día también, nos torpedean en los informativos.
No es fácil, pero si alguien no sabe cómo hacerlo, que eche un vistazo a los videos del chino que vuelve la comida transparente, y seguro que encuentra alguna idea válida. Y si no, que le pregunten a mi amiga, que siempre encuentra alguna cosa pintoresca de esas que una ni siquiera se imagina. Seguro que no es la última vez que hablo de ella.