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Un año más, han llegado las vacaciones -para quien las tiene, claro- y comienzan unos días de descanso bien merecido. O no tan merecido, que no todo el mundo es maravilloso y super trabajador. Pero es lo que toca.
Ya hace tiempo que las ciudades no se vacían como en los tiempos en que los padres se quedaban de "rodríguez" y las madres se iban a la playa, al campo, o al pueblo. Pero tampoco encontramos en la playa o en el campo ese fresquito tan buscado, sobre todo por las noches, porque ahora el calor se apodera de cualquier lugar. Es lo que tiene el cambio climático, por más que haya quien siga empeñado en negarlo.
No obstante, las vacaciones son un clásico para hacer todas esas cosas que no se han hecho durante el año. Este verano leeremos esos libros que no leímos, haremos el deporte que no practicamos, estudiaremos aquello que no estudiamos y saldremos y nos divertiremos lo que no nos divertimos durante el año Y, aunque sea lo contrario de lo que pretendíamos, acabamos estresándonos con el tic tac de un reloj que descuenta horas y días, en los que comprobamos que nuestros buenos propósitos se han ido, un año más, por el sumidero.
Y es que no sé qué manía tenemos de programar las vacaciones como si se trataran de la más apretada agenda de no trabajo. Y de ahí al estrés, no hay nada. Exactamente lo contrario de lo que se pretendía con las vacaciones.
Por no haber, ya no hay ni serpientes de verano, esas no-noticias que se contaban para llenar las horas de unos informativos huérfanos de contenido. Porque ahora la actualidad es tan candente, tan inmediata y tan cambiante que no hace falta buscar mucho para encontrar temas de lo que hablar. Ahí están, si no, clásicas desgracias del verano como son los incendios, los ahogamientos en playas o piscinas o los accidentes de tráfico. Materias que no faltan, como tampoco faltan, por desgracia, las que hacen referencia a un incremento de mujeres asesinadas por violencia de género en el enésimo verano negro que se recuerda.
Pero aquí está ya. Disfrutemos quienes podemos de este tiempo, y no nos agobiemos pensando en que no llegamos a cumplir ese exigente programa autoimpuesto que, en realidad, no tenemos ninguna obligación de cumplir.
Yo seguiré aquí, con las vacaciones que me tocan, pero sin abandonar esta ventanita abierta al mundo a la que me asomo cada semana. Feliz verano.