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Valencia se ha construido mirando hacia el Mediterráneo. Durante décadas, el puerto, el corredor mediterráneo y la conexión con Europa han dominado el debate sobre las infraestructuras. Sin embargo, la conexión hacia el Atlántico a través de la península ha permanecido en un segundo plano.
El eje ferroviario Valencia-Lisboa representa una oportunidad que debería tratarse como una prioridad por ambos países. No se trata únicamente de una nueva infraestructura, sino de una pieza clave para alcanzar una mayor integración entre España y Portugal que reorganizace la logística del suroeste de Europa.
Valencia, como uno de los principales puertos del Mediterráneo, ocupa una posición privilegiada en las cadenas logísticas internacionales. El intenso comercio entre Asia y Europa ha reforzado el papel de la península ibérica como una plataforma de distribución. En este contexto, mejorar las conexiones ferroviarias optimizaría los tiempos de transporte y aumentaría la competitividad del puerto, frente a otros competidores. El desarrollo del eje Valencia-Lisboa no sustituye otras prioridades como el corredor mediterráneo o el cantábrico, sino que los complementa dentro de una visión más equilibrada del territorio.
Además, la integración entre España y Portugal debería abordarse desde el pragmatismo. Más allá de las diferencias administrativas o lingüísticas, ambos países comparten una posición geográfica y económica que invita a una mayor coordinación en materia de infraestructuras estratégicas.
Valencia tiene la oportunidad de pensar su futuro como el nodo de conexión entre el Atlántico y Europa. El corredor Valencia-Lisboa no debe ser una idea secundaria, sino una pieza imprescindible para el desarrollo de la ciudad y de la península ibérica.