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Quienes peinamos canas, nos las teñimos, o ni una cosa ni otra porque el tiempo se llevó todo rastro de melena, seguramente recordamos a un grupo multitudinario y multicultural que respondía al nombre de Viva la gente y cantaba una canción del mismo título. Al margen de ot5ras connotaciones de la época, aquellos chicos y chicas cantaban a la vida, y a la bondad de las personas. Y algo que me pasó esta semana me hizo recordar aquel estribillo.
La cosa no empezó bien, nada bien. Estaba yo en la calle, a plena luz del día, pagando en un parquímetro cuando un desaprensivo -por no llamarlo de otro modo- aprovechó el momento en que guardaba la tarjeta de crédito en mi cartera para arrebatármela de la mano y correr como alma que lleva el diablo. Un diablo que me poseyó haciéndome correr desesperada tras él gritando que lo cogieran al tiempo que le dedicaba unos cuantos insultos que nada bueno dicen de mi educación.
Y aquí empieza lo bueno. Las personas que había en la calle, que eran muchas, le señalaban, gritaban y perseguían y un hombre consiguió quitarle mi cartera sin que siquiera hubiera podido abrirla. No le conocía de nada, y nada me pidió a cambio, simplemente me brindó una gran sonrisa y me devolvió mi cartera ante los aplausos de quienes allí estaban. Ni que decir tiene que mi sonrisa fue todavía más grande, y aun no sé cómo agradecerle que no dudara un momento en ayudarme.
Como suele ocurrir en estos casos, fue mucha la gente que preguntaba y trataba de poner su granito de arena, aportando datos en la descripción del tipo y ofreciéndome un vaso de agua para tranquilizarme. Al parecer, el tipo andaba haciendo sus fechorías desde antes, porque alguien vio en una red social que alguien de las mismas características había robado el bolso de otra chica. Quien me lo contaba, me sugirió que llamara al 112 para que supieran que aquel tipo andaba suelto y porque, según me dijo, quizás así evitara que a alguien le pasara lo mismo. N que decir tiene que me convenció y que, como tengo buena memoria, pude dar una descripción bastante exacta del tipo. Confío en que lo encontraran, aunque no he sabido más.
En estos tiempos en que la solidaridad parece haberse evaporado, esta muestra de empatía y colaboración ciudadana me impresionó. De hecho, casi me borra los nervios y el disgusto. Porque, digan lo que digan, todavía existe gente buena capaz de devolvernos, aunque sea por un instante, la fe en el ser humano.
Y por eso tenía que contarlo. Por eso, y porque es mi modo de dar las gracias. Viva la gente.