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Que la suciedad se haya convertido en uno de los temas habituales de conversación entre nuestros vecinos ya debería preocuparnos. Que lo sea mientras cada vivienda paga de media alrededor de 111 euros por el recibo de la basura —una tasa cuya revisión hemos reclamado en el Pleno— resulta todavía más difícil de entender.
Pero la basura no es el único problema. A este equipo de Gobierno se le acumulan la suciedad, las aceras deterioradas, el asfalto en mal estado, las instalaciones deportivas que necesitan atención y los espacios públicos abandonados.
Y cuando a todo eso se suma la sensación de inseguridad que trasladan algunos vecinos y vecinas, ya no hablamos solo de limpieza o mantenimiento. Hablamos de cómo se vive en nuestras calles.
En las últimas semanas hemos conocido episodios preocupantes: comportamientos incívicos en la Glorieta, daños en vehículos, actos vandálicos y quejas de vecinos de la zona de País Valencià por peleas, altercados, consumo de alcohol y otras sustancias en la vía pública y situaciones que, según relatan, les generan intranquilidad.
Ante algo así no caben ni exageraciones ni mirar hacia otro lado.
La seguridad y la convivencia no entienden de nacionalidades. El problema no es de dónde viene una persona, sino qué ocurre cuando se producen conductas que alteran la convivencia y, pese a las quejas, no existe una respuesta suficiente.
También debemos hablar de integración. Ser solidario no consiste únicamente en proporcionar alojamiento temporal y considerar que el trabajo está hecho. Integrar exige acompañamiento, seguimiento, recursos, normas y responsabilidad. Exige trabajar con quienes llegan, pero también escuchar y proteger a quienes ya viven en esos barrios.
Gobernar es anticiparse, coordinar, escuchar y actuar. Y eso es precisamente lo que echo en falta.
Y mientras estos problemas siguen esperando respuestas, resulta cuanto menos llamativo ver a Darío Moreno dedicar parte de su agenda a recorrer el mercado repartiendo folletos para anunciar que quiere seguir siendo alcalde. Está en su derecho, por supuesto, pero quienes ocupan responsabilidades públicas también deben explicar su gestión. Y cuesta entender determinadas campañas de autobombo cuando, además, se presentan como logros propios actuaciones que no dependen exclusivamente del Gobierno municipal. Un ejemplo es el Pantalán, que ocupa incluso un lugar destacado en esa propaganda, pese a tratarse de una actuación financiada por la Autoridad Portuaria de Valencia. Una cosa es contar lo que se hace y otra muy distinta apropiarse políticamente de todo lo que ocurre en la ciudad.
No todo se arregla con anuncios, fotografías o campañas de imagen. Gobernar una ciudad es conseguir que un vecino pueda caminar tranquilo por su barrio, encontrar sus calles limpias y saber que, cuando existe un problema, alguien va a afrontarlo.
No deberíamos acostumbrarnos a vivir entre la basura.
Y mucho menos a empezar a vivir con miedo.
Sagunto merece limpieza, seguridad, convivencia y gestión. Y llegará el momento en que los ciudadanos puedan decidir, democráticamente, si quieren seguir por el mismo camino o comenzar uno diferente.