Añadir El Periodico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.
A los autónomos nadie nos escucha. Parece que nuestra sociedad ha dejado de valorar a quienes deciden abrirse camino por sí mismos, asumir riesgos y construir su propio futuro. Se habla constantemente de derechos y ayudas, pero se olvida a quienes crean su propio empleo, generan riqueza y contribuyen a sostener los servicios públicos. El emprendimiento individual merece reconocimiento, no obstáculos; apoyo, no una carga creciente de obligaciones.
Desde el 30 de noviembre de 2025, cuando la Plataforma por la Dignidad de los Autónomos 30N convocó su primera gran movilización nacional, hemos salido a la calle en otras dos grandes convocatorias, en marzo y abril. Tres movilizaciones para reclamar condiciones más justas, menos burocracia y unas cotizaciones que no asfixien a quienes trabajan por cuenta propia. Sin embargo, seguimos sin respuestas satisfactorias. Los sindicatos tampoco han estado junto a nosotros en las manifestaciones, aunque ahora sí respaldan otras movilizaciones.
Ser autónomo significa asumir personalmente el riesgo de que las cosas salgan mal, afrontar gastos cuando los ingresos disminuyen y trabajar sin la seguridad de una nómina. Quien emprende crea su propio empleo y, si su negocio crece, puede generar otros puestos de trabajo. Paga impuestos, cotiza y contribuye a financiar los servicios públicos. Sin embargo, demasiadas veces la Administración parece contemplar esa actividad como una fuente de recaudación, en lugar de protegerla y estimularla.
El sistema de cotización es un ejemplo. Los ingresos pueden variar mucho de un año a otro. Un diseñador gráfico o un pequeño comerciante puede facturar más en un ejercicio sin que eso garantice ingresos semejantes en los siguientes. Para muchos pequeños autónomos, las cuotas han aumentado considerablemente y, en algunos casos, se han llegado a duplicar.
Facturar más un año no significa disponer de más dinero permanentemente. Cada profesional debería poder elegir, con información suficiente, cuánto quiere cotizar según sus posibilidades y la pensión que aspire a recibir. Quien quiera cotizar más debe poder hacerlo, pero no debería imponerse una carga superior por unos ingresos puntuales que quizá no se repitan. La cotización debe garantizar protección social, no convertirse en un instrumento para aumentar la recaudación a costa de quienes trabajan por cuenta propia.
A esto se suman las regularizaciones de ejercicios anteriores. Algunos autónomos denuncian reclamaciones de varios miles de euros correspondientes a 2023 y 2024. Para un pequeño negocio, estas cantidades inesperadas pueden comprometer su estabilidad. Necesitamos reglas claras y previsibles.
En Valencia hemos salido varias veces a manifestarnos. Algunos comerciantes nos explicaban que no podían acompañarnos porque tenían que atender sus establecimientos. Si cerraban, dejaban de ingresar y nadie podía sustituirlos. Esa es nuestra realidad: incluso para reclamar derechos tenemos que asumir personalmente el coste de hacerlo.
Necesitamos un Estado que proteja a quienes lo necesitan, pero también una economía que genere los recursos para sostener esa protección. Sin autónomos, empresas viables y empleo, resulta mucho más difícil financiar las políticas sociales.
He salido a la calle varias veces y sigo sin sentirme escuchado. No pido privilegios, sino que se reconozca a quienes crean su propio empleo y contribuyen al bienestar colectivo. No podemos seguir viviendo para pagar a una Administración que parece olvidar que, si asfixia a quienes emprenden, también debilita la riqueza que necesita para financiar los servicios públicos.