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¿Y si el éxito se midiera de otra manera?

ROSARIO FOMBUENA

(Periodista y comunicadora del Tercer Sector)

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Agosto suele dejarnos un aluvión de cifras: que si el número de turistas, que si la ocupación hotelera o el impacto económico de esto o aquello. Son datos útiles que ayudan a entender cómo evoluciona la economía del lugar, pero ¿y si la pregunta fuera otra? ¿Cómo sabemos realmente si una ciudad es realmente un buen lugar para vivir? Y no, no me refiero a los ránquines elaborados por expats con posibles.

Me gusta pensar que el éxito de una comunidad no depende únicamente de lo que produce o consume. ¿Por qué no fijarnos también en cuántas personas forman parte de asociaciones de barrio, colaboran en proyectos culturales, sociales, vecinales, o dedican parte de su tiempo a mejorar la vida de su entorno? No parece una cuestión imposible de medir. Al fin y al cabo, la solidez de esos vínculos dice mucho de la calidad de una sociedad.

Ahora que casi todo puede hacerse desde una pantalla, los espacios de encuentro siguen siendo uno de los mejores antídotos contra el aislamiento. Asociaciones, clubes y entidades no solo impulsan actividades; crean relaciones, fortalecen el sentimiento de pertenencia y mantienen viva la vida comunitaria. Gracias a esa labor, muchas personas encuentran apoyo, descubren nuevas formas de participar o, sencillamente, conocen a alguien con quien compartir inquietudes.

No es casualidad que las sociedades con una mayor implicación ciudadana registren niveles más altos de confianza entre las personas. Cuando existe una red comunitaria sólida, aumenta la capacidad para cooperar, afrontar dificultades y responder de forma colectiva a los desafíos. Quizá por eso ha llegado el momento de ampliar nuestra manera de entender el progreso.

Porque un lugar no se define solo por sus infraestructuras, sus servicios o sus cifras de crecimiento. También lo hace por la capacidad de su ciudadanía para organizarse, colaborar y asumir que el bienestar común es una responsabilidad compartida. Es posible que estos datos nunca abran un informativo, sin embargo, hablan de algo mucho más profundo: de la calidad de los vínculos que sostienen una sociedad.

Más allá de los ciclos políticos y de los indicadores económicos que acaparan la atención, quizá ha llegado el momento de valorar aquello que no siempre aparece en las estadísticas. Porque una sociedad que cultiva la solidaridad, la confianza y la participación es una comunidad mucho más preparada para afrontar cualquier reto de futuro.

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ROSARIO FOMBUENA
ROSARIO FOMBUENA

Periodista y comunicadora del Tercer Sector

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